"No hay que regalar las palabras nobles a los canallas" Osvaldo Soriano
VIERNES - 7 pm - www.fmurquiza.com - FM 91.7
CIELO Y TIERRA en la Blogosfera
Nuestra esperanza es que este encuentro favorezca la construcción conjunta de una comunidad sostenida por la solidaridad, el respeto mutuo, la promoción de los derechos humanos y la mejora en el sistema político en favor de una democracia plena.
Intentamos por Cielo y Tierra:
* Despertar la solidaridad, la reflexión, la toma de conciencia y el respeto mutuo, como ejes de una convivencia social en armonía, equidad y justicia.
* Fortalecer el juicio crítico y la conciencia social
* Difundir el pensamiento mariteniano aplicado a diferentes perspectivas que componen la sociedad, (cultura, política, economía, salud, ciencia y tecnología, diálogo ecuménico e inter-religioso)
Hagamos del encuentro una oportunidad para conocernos, enriquecernos y hacer posible una sociedad mejor para todos.
Te esperamos todos los viernes a las 7 de la tarde en www.fmurquiza.com FM 91.7 para compartir una charla entre amigos, acompañada de muy buena música étnica y literatura en nuestro idioma.
Claudia Santalla y Giselle Zarlenga
jueves, 28 de febrero de 2008
Se presenta nuevo libro sobre el pensamiento político de Jacques Maritain
Club de Lectores acaba de publicar en Buenos Aires (Argentina) este libro de origen italiano que constituye un análisis profundo y prospectivo del pensamiento político internacional de Jacques Maritain (1882 – 1973).En él se puede apreciar la actualidad y la relevancia del pensamiento del prestigioso filósofo francés para los debates contemporáneos, expuesto por dos prestigiosos estudiosos italianos de la política internacional a partir del análisis de su obra, poniendo de manifiesto su apertura pluralista y su comprensión intercultural e interreligiosa, y la búsqueda de la paz y la justicia. En sus páginas se establecen las bases sobre las que podrían desarrollarse las futuras producciones teóricas en el ámbito de la política internacional con el fin de alcanzar un orden mundial que garantice la paz y la justicia para todos los pueblos, por lo que este libro podrá ser punto de partida para nuevas elaboraciones, necesarias a la luz de un mundo que presenta desesperados signos de alerta. Este volumen contiene también una nota biográfica y otra bibliográfica, a cargo de Piero Viotto, que ayudan al lector a aproximarse y orientarse en la extensa producción literaria de Maritain y a ubicarse en los extraordinarios y dramáticos tiempos en que vivió.
Fuente:
Agencia de Noticias Prensa Ecuménicawww.ecupres.com.ar asicardi@ecupres.com.ar
miércoles, 16 de enero de 2008
LA LIBERTAD
Miercoles, 26 Diciembre 2007 - Buenafuente
Todo hombre vive eligiendo y al elegir, se construye a si mismo.
El año ha llegado a su fin, a diferencia de otros finales de período, éste, tiene la particularidad de que, en nuestro país, estrenamos autoridades constitucionales, tanto en el orden nacional como en otras jurisdicciones provinciales, municipales y parlamentarias.
Con cada fin de año, la mayoría de las personas, renuevan sus esperanzas sobre un futuro venturoso, al igual que hace con cada renovación de aquellas autoridades que habrán de tomar determinaciones que, de alguna manera, incidirán en sus vidas.
La sumatoria de ambos eventos, conectados entre sí por su proximidad temporal, resulta en una potenciación de logros o deseos en curso de concreción o aún no logrados.
Desde tiempos inmemoriales, la raza humana ha transitado por diferentes formas de organización social, desde aquellas en que el sometimiento, la discriminación y hasta la esclavitud eran norma de vida.
Abundan los ejemplos de pueblos sometidos y esclavos o las comunidades discriminadas, sólo por ejemplificar brevemente, recordemos a los cristianos arrojados al foso de los leones, las persecuciones de inquisición, las bodegas de buques cargadas con negros encadenados, sometidos y separados de sus familias y orígenes y llevados para ser vendidos como esclavos, judíos masacrados en cámaras de gas, pensadores condenados por el régimen soviético (GULAG), las barreras políticas que impiden los desplazamientos humanos (Cuba), las horrendas y recientes matanzas en campos de concentración de diversos países de nuestra América Latina y particularmente en tierra Argentina.
Afortunadamente, la mayoría de estas formas de sometimiento, discriminación o esclavitud, han desaparecido, con lo que podríamos pensar que hemos avanzado en el terreno de la libertad, especialmente en lo referido a la libertad de género, donde la mujer que, hasta no hace demasiado tiempo, no tenía derecho a votar y hoy, tal como acontece en nuestro país y en otros, una mujer preside los destinos de la Nación.
No obstante ello, la libertad es un concepto complejo y por tanto difícil de lograse en forma absoluta, a pesar de que, en muchos terrenos, podemos afirmar que somos libres, hay otros en que ostensiblemente no lo somos y en algunos aspectos en que creemos tenerla, no es más que una falsa percepción, ya que en realidad vivimos bajo una muy bien disimulada opresión, situación creada por las nuevas maneras en que se produce.
La violencia de los grilletes, cadenas y garrotes, viene siendo reemplazada, desafortunadamente no eliminada aún, por otras formas tales como las impuestas por estados teocráticos extremistas o terroristas, o seculares que exportan e imponen, a otras sociedades, un grado asfixiante de sometimiento económico, al igual que la deformación política expresada, a veces, por mandatarios corruptos, mesiánicos o directamente incumplidores de los compromisos de campaña asumidos; el transfuguismo partidario es actualmente moneda corriente, al igual que proponerse para cargos que no habrán de ser asumidos luego, en abierta defraudación de los votantes que optaron por ellos.
Son todas formas de violencia, sometimiento y restricción a la libertad, aún cuando, en ocasiones muchos de nuestros compatriotas o ciudadanos de otras naciones, no llegan a percibirlo de ese modo o haciéndolo no les importa.
La libertad, aún con las restricciones propias de todo derecho, es un concepto vinculado al más perfecto funcionamiento de las instituciones republicanas que podamos lograr, eso garantiza el ejercicio en sociedad del mayor grado de esta potestad que sea posible.
Aún cuando haya sido reiteradamente violada y olvidada por muchos, la Constitución de la Nación Argentina, establece un extenso listado de Derechos y Garantías que son o debieran ser la expresión de la libertad en una sociedad moderna y republicana, el derecho igualitario de acceso a una vivienda propia, a una alimentación adecuada y saludable, a servicios de salud, de educación, de administración de justicia, de trabajos dignos y bien remunerados, de huelga tutelados por organizaciones sindicales democráticas, de protección a los ancianos y su jubilación, de libertad de desplazamiento, de seguridad física y de bienes, de culto y protección a minorías y tantos otros que, instituidos o no por el texto constitucional, hacen a una armoniosa manera de convivencia social.
El pueblo es el mandante y los elegidos son los mandatarios, es a éstos a quienes corresponde, en representación de quienes los ungieron, garantizar estos derechos y por esa vía el ejercicio de la libertad de todos los ciudadanos y hombres de bien que habitan y laboran en nuestro suelo, si no lo hicieran y Dios y la Patria no se los demanda, sería muy saludable que fuésemos nosotros quienes lo hiciéramos.
¡Rían, los médicos aconsejan reír!
Para LA NACION
Así escribió el genial Sholem Aleijem. Tenía razón. Pero no sólo debemos reír (o sonreír) porque lo prescriben buenos médicos, ni siquiera porque abunden razones lógicas. También conviene hacerlo cuando andamos preocupados o nos entristece la marcha del mundo. La risa es un ejercicio benefector y desintoxicante. ........
....Las impugnables elecciones en Kenya excitaron la criminalidad étnica, al extremo de quemar vivos a cincuenta niños y mujeres que buscaron refugio en una iglesia. Kenya había conseguido transformarse en uno de los pocos países africanos más estables, pero estos conflictos –asegura la Cruz Roja– ya han producido centenares de muertos y casi cien mil desplazados, además de excerbar el siempre dañino odio. ....
........
El precio del petróleo llegó a los cien dólares por barril. Esto no le hace bien a la humanidad, ni siquiera a los pueblos bajo cuyo suelo se extienden lagos de riqueza negra. Es evidente que los países productores –con excepciones contadas con los dedos de una mano– sólo brindan opulencia a la corrupta clase opresora. Con el petróleo negocian, extorsionan, sobornan y mantienen vigentes las plagas del terrorismo, la dictadura, la teocracia, la pobreza y no cesan de violar los derechos humanos (pese a que varios de estos países, sin asomo de rubor, son miembros de los organismos internacionales “defensores” de los derechos humanos). Los atentados cometidos por suicidas prosiguen. Aún se los llama mártires o militantes, en vez de criminales a secas, o víctimas de fanatizados predicadores que les lavaron con destreza hipnótica cada una de las circunvoluciones cerebrales, hasta convencerlos de que una carga explosiva que llenará de sangre y trozos humanos las calles, es el ticket más rápido al paraíso. Esos conductores “espirituales” consiguen suprimir la lógica más elemental, al extremo de hacer creer que la destrucción de la obra más excelsa del Todopoderoso, que es el hombre, armoniza con sus mandamientos. Todavía los líderes religiosos del mundo no se han decidido a ensordecer con denuncias y sanciones claras tamaña blasfemia. En la selva colombiana hubo que sufrir mucho antes de la liberación de gente secuestrada por la guerrilla más cruel, mentirosa y antigua del continente. Es muy decepcionante que el cineasta Oliver Stone haya calificado a sus miembros como un ejército “que lucha por una vida más decente”. ¿Es idiota este Stone? Las FARC mantienen en la interminable tortura del cautiverio a centenares de civiles inocentes, para usarlos como escudos y moneda de extorsión. No respetan ninguna convención internacional. Se aprovechan de la democracia y de la buena voluntad de naciones y dirigentes para burlarse de ellos. Ahora ya no son una guerrilla que quiere implantar el socialismo stalinista a la fuerza, sino un cartel de la droga. Según un electrizante informe de El País (Madrid), reproducido en el suplemento Enfoques de este diario, maneja un tráfico monumental. Para colmo, las FARC son socias del gobierno de Chávez. “Transita por Venezuela el 30% de las 600 toneladas de cocaína que se mueven anualmente por el mundo”. ....
....Los informes de People in Need que me llegan desde Praga exigen ser leídos con un ansiolítico cerca. En cuatro continentes hay abusos, crímenes, negligencia, dictaduras de izquierda o derecha, conflictos irracionales, cultivo del odio, exceso de armas, aumento del consumo de drogas, malversación de los fondos internacionales de ayuda, persecución a la disidencia. ...
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Y bien. Ante semejantes perspectivas –que esperan nuestra respuesta–, corresponde escuchar al lúcido Sholem Aleijem, como dije al principio. Reír, o al menos sonreír, para que nuestro espíritu se nutra de energía en la lucha tenaz por un mundo mejor. La amargura, la depresión, el lamento, no producen resultados, porque ni siquiera dan fuerza. En cambio el humor –más pulido, más variado– reordena las emociones. Desdramatiza situaciones angustiantes: “Sean amables con sus hijos –escribió Groucho Marx–, ellos un día les elegirán el asilo donde morir”. Tampoco se escapan a las burlas del marxismo a lo Groucho el falso valor de gobernantes y jerarcas: “La jerarquía es como un estante, ¡a más altura, menos sirve!” o “Los jefes son como las nubes: cuando se van, el día se arregla”. Y vale su broma oportuna ante un plato de comida, antes de empuñar lo cubiertos con sonrisa nerviosa: “Todos los hongos son comestibles, sólo que algunos por una última vez”. La risa y las sonrisa son los mejores instrumentos para quebrar el perjuicio y la opresión. Lo saben muy bien todos los dictadores. Lo saben muy bien todos los fundamentalismos. Lo saben muy bien todos los fanáticos. ¿Recuerdan que hace poco se reclamaba la ejecución de una dulce maestra inglesa en Sudán por haber cometido el pecado de autorizar a sus alumnos que le pusieran el nombre de Mahoma a un osito de peluche? Fue arrestada y tuvieron que apelar altos funcionarios para evitar su asesinato. La docente se llama Gillain Gibbons y fue llevada a Liverpool tras sufrir una semana tras las rejas, con multitudes que pedían su muerte porque no tenían el menor sentido del humor, ni siquiera el más tierno e infantil. En Gran Bretaña recibió flores de musulmanes moderados, ilustrados, que consideraron ridícula esa reacción primitiva. Riamos y sonriamos, entonces. Estaremos mejor entrenados y dispuestos para combatir los crímenes, las injusticias, los abusos, las idioteces y los engaños con que empezó 2008, pese a que las cualidades irracionales del número ocho nos hacían esperar otra cosa.
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miércoles, 3 de octubre de 2007
La viveza, entre la inteligencia y la estupidez
Frente a un problema concreto, la reacción mental del hombre inteligente es dinámica: buscará el camino de la solución, a menudo a través de exploraciones, de asedios desde distintos flancos, de razonamientos abandonados en un punto y recomenzados en otro, hasta encontrar la salida.
En latín, salida se dice "exitus", que los ingleses tradujeron por "exit". La inteligencia conduce al éxito.
Aquel mismo idioma, madre del nuestro, cuyo estudio hoy les parece superfluo a algunas autoridades universitarias, tiene un verbo "stupere", que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado y en sentido traslaticio, mentalmente detenido como delante de un cartel que dijera "Stop".
De aquí deriva la palabra "estúpido": hombre que permanece entrampado por un problema sin atinar con la salida, aunque a veces adopte la agitación convulsa de una mariposa encandilada por una luz muy fuerte o los movimientos desesperados de un animal dentro de una jaula.
Hablo siempre de lo ocurre en la mente.
Las dos únicas reacciones del estúpido serán la resignación o la violencia: dos falsas salidas, dos fracasos.
Salvo casos patológicos, todos somos inteligentes frente a un tipo de problemas, y estúpidos respecto a otros tipos de problemas.
Pero nuestra inteligencia y nuestra estupidez no dependen de nuestra moral.
Hay inteligentes moralmente canallas, y hay estúpidos moralmente intachables.
Cuánto deben la inteligencia y la estupidez a los genes, y cuánto a la educación (digamos la gimnasia), es un asunto que dejaré de lado para que no me usurpe todo el espacio del que dispongo.
Pero no querría pasar por alto un dato: sin el auxilio del intelecto (esto es la capacidad de análisis crítico del problema), y sin la posesión de conocimientos relacionados con ese problema y adquiridos por experiencia propia, o por revelación ajena, la pura inteligencia que acumule conocimientos no sabe qué hacer con ellos.
Y no es raro que un intelectual ducho en el análisis crítico, sea incapaz de hallar soluciones.
El desarrollo en un mismo individuo de la inteligencia, del intelecto y de los conocimientos bien puede llamarse sabiduría, si no en la aceptación teísta que le dan las escrituras, por lo menos como tributo humano susceptible de adquisición o pérdida.
Con alguna frecuencia, la realidad nos pone, de momento, mentalmente paralíticos.
Es cuando decimos que estamos estupefactos, lo cual significa "estar hechos unos estúpidos".
La inteligencia, si la tenemos, vendrá a rescatarnos de esa pasajera estupidez, que por no ser insalvable, se llama estupefacción. Situada a mitad de camino entre la inteligencia y la estupidez, está la "viveza", capaz de producir acciones en cualquier dirección, excepto hacia la salida del problema.
Este es su secreto: la fórmula intrascendente que le permite ponerse a salvo y resguardo de la humillación y desprestigio que se sufren en la estupidez.
La viveza, creo yo, es la habilidad mental para manejar los efectos de un problema sin resolverlo.
La persona dotada de viveza no ejercita la inteligencia, sino un sucedáneo apto para entenderse con las consecuencias prácticas del problema, pero no con la sustancia del problema.
En otras palabras, el vivo se mueve mentalmente en procura de cómo eludir los efectos de los problemas, cómo volverlos beneficiosos para él, o lo peor de todo, cómo desviarlos en perjuicio de un tercero.
La viveza, entonces, se conecta imprescindible e irrenunciablemente con la moral.
Sin el concurso del egoísmo no resulta posible ser vivo, y para echarle el fardo al prójimo sin que éste se resista, es menester cierto grado de inescrupulosidad, y hace falta practicar algún género de fraude, siquiera verbal.
Observado durante un corto plazo, el vivo da la impresión de haber obtenido el éxito, de ser inteligente:
se desplaza entre los problemas sin padecer las consecuencias, o mejor aún, sacándoles provecho.
Pero el flujo de los efectos del problema es ininterrumpido, por lo que el vivo no puede entregarse a los ocios y recesos de la inteligencia.
De ahí que se los puede calificar de "despiertos".
Aparentan una brillantez mental que engaña a las miradas superficiales.
El inteligente, como está armando sus estrategias para resolver el problema, parece amodorrado y en comparación con el vivo, un tanto estúpido.
Cuanto más complejo sea el problema, mas exigirá al inteligente paciencia y esfuerzo, más lo someterá al silencioso y tedioso análisis crítico, y al repaso constante de sus conocimientos.
La viveza no puede permitirse estas demoras.
Los efectos prácticos del problema no esperan mucho tiempo para hacerse sentir, de modo que el vivo está obligado a la rapidez, y consecuentemente a la improvisación de sus métodos, generalmente empíricos.
Otra vez el inteligente en comparación con el vivo parecerá lento y hasta torpe.
Si los efectos del problema por magnitud o complejidad sobrepasan las posibilidades de ser eludidos por la viveza, el vivo resulta acorralado como un estúpido, y no sucumbiendo a la resignación o la violencia, no confesará jamás su fracaso, buscando algún chivo emisario en quien cargar las culpas.
En todas las sociedades conviven los inteligentes, los vivos y los estúpidos en proporciones distintas para cada una de ellas.
Para Borges, entre los italianos y judíos no hubo nunca ningún estúpido.
Exageraba, a no dudarlo.
Pero imaginemos ahora un país ficticio donde, por razones genéticas o históricas, los vivos sean mayoría.
Esbozaré la novela de lo que en ese país imaginario podría ocurrir. Puesto que son mayoría, unos vivos ocuparían el gobierno.
Y otros vivos los eligen.
Estos vivos que eligen con el concurso de los estúpidos, incapaces de solucionar los problemas del país, los transferirían a los elegidos.
Estos como vivos que son, se dedicarán a lo suyo, o sea ponerse a salvo de los efectos de los problemas, sacarles provecho o desviarlos a otros terceros, así éstos sean vivos, inteligentes o estúpidos.
Durante un tiempo, los estúpidos parpadearán de catatonía mental.
Los inteligentes se sentirán más marginados.
Y los vivos tratarán de imitar a los gobernantes.
Mientras tanto los problemas sin resolver se acumulan, se multiplican, se potencian, y se superponen.
Hasta que fatalmente llega el día en que los problemas acumulados forman una pared compacta con un cartel que dice: "¡Stop, no va más!".
Es aquí donde la sociedad se detiene y paraliza y los estúpidos, si no se resignan, se vuelven violentos.
Los inteligentes toman las valijas y huyen, y los vivos corren de efecto en efecto, vendando aquí, remendando allá, y emparchando más allá.
Dejan los bofes en este desesperado trajín por entre el caos sin control. Y para disimular su impotencia recurren a los fantasmas de los chivos expiatorios internos y externos, y a un lenguaje esquizofrénico que,
disociado con la realidad circundante, seguirá pronunciando aquellos discursos con los que alguna vez embaucaron a la estupidez.
Estúpidos de brazos cruzados o de brazos armados, inteligentes en ese país ficticio caído al pie del ominoso “stop”: no habrá para vuestro país otra salvación posible que no sea “¡la inteligencia al poder!”.
Salvo que todos los inteligentes hayan huido, hipótesis altamente improbable, la novela podría tener un final feliz.
Marco Denevi (1922 – 1998)
Marco Denevi
La Nación, 23 de octubre de 1987
miércoles, 4 de julio de 2007
"Hay un clima raro últimamente", Kurt Vonnegut
Primero lo primero. Quiero que quede muy claro que este bigote que uso es el bigote de mi padre. Debí haber traído una fotografía suya.
Mi hermano mayor, Bernie, ahora fallecido, fue un físico y químico que descubrió que el yoduro de plata a veces puede hacer que nieve o que llueva; él también usaba este bigote.
Hablando del clima: Mark Twain dijo que algunos de sus lectores se quejaron de que no había suficiente clima en sus historias. Por eso Twain escribió algunas descripciones climatológicas para que los lectores pudieran insertarlas donde creyeran que podían ser útiles.
Se dice que Mark Twain derramó una lágrima de gratitud e incredulidad cuando recibió honores por sus escritos en la Universidad de Oxford, Inglaterra.
Y yo debo derramar también una lágrima debido a que a los 80 años se me ha invitado, por mi labor de escritor, a hablar bajo los auspicios de la sagrada Casa de Mark Twain aquí en Hartford.
¿Qué otro monumento estadunidense es para mí tan sagrado como la Casa de Mark Twain? El Memorial de Lincoln en Washington DC. Mark Twain y Abraham Lincoln eran muchachos campesinos provenientes de la zona centro de Estados Unidos. Ambos hicieron que los estadunidenses se rieran de sí mismos y apreciaran chistes realmente importantes y de gran contenido moral.
He notado que los trabajos de construcción del Museo Mark Twain, aquí en Hartford, han sido suspendidos. El museo está justo detrás de lo que era la cochera de la Casa Mark Twain, en el número 351 de la avenida Farmington.
Los albañiles fueron obligados a abandonar la construcción y enviados a casa porque los "conservadores" estadunidenses, como les gusta llamarse, que están en Wall Street y encabezan la mayor parte de nuestras corporaciones se han robado una fracción importante de nuestro ahorro privado. Han arruinado a inversionistas y asalariados mediante el fraude y la piratería descarada.
Choque y pavor.
Y ahora que se han instalado en nuestro gobierno federal, o en su defecto, tomado el control de él desde afuera, han malgastado nuestras reservas públicas y más. Han creado una deuda pública de magnitud tan impensable que nuestros descendientes, para quienes abrigábamos tan elevadas esperanzas, llegarán a este mundo pobres como ratones de iglesia.
¿Qué están haciendo los conservadores con todo el dinero y el poder que alguna vez nos pertenecieron a todos? Pues nos están diciendo que debemos estar absolutamente aterrorizados, y que debemos correr en círculo como pollos decapitados.
Pero ellos van a salvarnos. Nos están obligando a quitarnos los zapatos en los aeropuertos. ¿Hay alguien aquí a quien se pueda ocurrírsele una mejor broma que ésta?
Sonríe Estados Unidos: estás en la Cámara Indiscreta.
Los conservadores también han liberado innumerables armas de alta tecnología, cada una de las cuales cuesta más que cien preparatorias en un país del tercer mundo, con el fin de provocar el choque y pavor en seres humanos como nosotros, como Adán y Eva, que habitan entre los ríos Tigris y Eufrates.
El otro día le pregunté al antiguo pítcher de los Yankees Jim Bouton su opinión sobre nuestra gran victoria en Irak y me dijo: "Mohammed Alí contra el señor Rogers".
¿Qué son los conservadores? Son personas dispuestas a mover cielo y tierra, si es necesario; y que están dispuestas a arruinar una compañía o un país o al planeta, con tal de probar ante nosotros y ante sí mismos que son superiores a todos los demás, con la única excepción de sus amigos. Ellos cuidan mucho de sus amigos; cuidan que no vayan a dar a la cárcel y esas cosas.
Los conservadores están locos como chinches. Son bravucones.
¿Guerra entre clases? Claro, también de eso se trata. Los conservadores han dejado clara su superioridad a admiradores de Abraham Lincoln, Mark Twain y Jesús de Nazaret con la muy competente ayuda de la televisión, medio que volvió intrascendentes nuestras protestas contra la guerra.
¿Qué fue lo que nos pasó? Hemos sufrido una calamidad tecnológica. La televisión es ahora nuestra forma de gobierno. ¿Qué razones tuvimos para protestar contra la guerra de los conservadores? Podría nombrar muchas razones pero sólo necesito mencionar una, que es el sentido común.
Muy probablemente se reanudarán, tarde o temprano, las labores de construcción del Museo Mark Twain. Por eso yo, que soy hijo y nieto de arquitectos de Indiana, quiero aprovechar la oportunidad de sugerir un elemento que espero se incluya en la estructura ya terminada, y que son unas palabras que deberían labrarse en el dintel de la entrada principal.
Es un frase que, creo, sería muy divertido poner ahí, y a Mark Twain le gustaba lo divertido más que cualquier otra cosa. Se me ocurrió jugar con algo famoso que él dijo y que es: "Sé bueno y serás solitario". Es una frase de Siguiendo al Ecuador. ¿Les parece bien?
Visualicen la majestuosa entrada que tendrá algún día el Museo Mark Twain. E imaginen estas palabras cinceladas en ese noble dintel pintadas en oro: "Sé bueno y serás solitario en la mayoría de los lugares, pero aquí no. Aquí no".
Una de las más avergonzadas y descorazonadas historias escritas por Twain fue la que trata de la matanza de 600 moros; hombres, mujeres y niños, a manos de nuestros soldados durante la liberación del pueblo de Filipinas, después de la guerra española-estadunidense. Nuestro valiente comandante fue Leonard Wood, quien ahora tiene un fuerte con su nombre: el Fuerte Leonard Wood.
¿Qué tenía que decir Abraham Lincoln sobre esas guerras imperialistas de su país?
Se trata de guerras que, con un noble pretexto u otro, tienen el objetivo real de incrementar los recursos naturales y los cuadros de mano de obra dócil que tienen a su disposición los estadunidenses más ricos y con los mejores contactos políticos.
Casi siempre es un error mencionar a Abraham Lincoln en un discurso sobre otro tema u otra persona. Siempre roba cámara, y yo estoy a punto de citarlo.
Lincoln era sólo un congresista en 1848, cuando dijo lo que estoy por citar. Se sentía descorazonado y avergonzado por nuestra guerra contra México, país que nunca nos atacó. Nos estábamos adueñando de California, y de un montón de personas y propiedades, y lo estábamos haciendo como si perpetrar una carnicería contra soldados mexicanos que sólo defendían su patria de los invasores no fuera asesinato.
¿De qué más nos apoderamos, además de California? Bueno, estaba Texas, Nuevo México, Utah, y partes de Colorado y Wyoming. La persona a la que se dirigió el congresista Lincoln cuando dijo lo que voy a citar era James Polk, quien entonces era nuestro presidente. Abraham Lincoln dijo sobre Polk, su presidente, el comandante en jefe de nuestras fuerzas armadas: "Confió en escapar del escrutinio al procurar que la mirada pública se fijara en la excelsa brillantez de una gloria militar; ese atractivo arco iris que surge después de las lluvias de sangre; en ese ojo de serpiente que hipnotiza antes de destruir. Fue entonces cuando se arrojó a la guerra".
¡Caramba! Y casi se me sale decir "¡Carajo!" ¡Y yo aquí, creyéndome escritor!
¿Sabían ustedes que incluso fue capturada la ciudad de México durante la guerra que encabezamos contra ese país? ¿Por qué no celebramos esa captura con un día festivo nacional? ¿Y por qué no está el rostro de James Polk en el monte Rushmore junto con el de Ronald Reagan?
Lo que hacía que México fuera un país tan malvado en la década de 1840, es decir, mucho antes de nuestra guerra civil, era que la esclavitud era ilegal en su territorio. ¿Se acuerdan de la batalla del El Alamo?
Mi bisabuelo se llamaba Clemens Vonnegut. El mundo es muy, muy pequeño. Esta picante coincidencia no es una invención. Clemens Vonnegut decía ser un "librepensador", que no era sino el término antiguo con el que se definía a un humanista. Era vendedor de artículos de ferretería.
Así que hace unos 120 años había un hombre llamado Clemens y Vonnegut. Seguramente esta persona me habría caído muy bien. Sólo hubiera deseado ser él esta noche.
No me atribuyo, en cambio, ningún parentesco sanguíneo con Samuel Clemens , originario de Hannibal, Missouri. Me imagino que el apellido "Clemens" es, al igual que "Clementina", un derivado del adjetivo "clemente". Ser clemente es ser indulgente y compasivo. Si aplicamos el término al clima, estaríamos hablando de condiciones perfectamente celestiales.
He ahí otra descripción climatológica.
NOTAS
El "señor Rogers" es un conductor de programas infantiles educativos en Estados Unidos. (N de la T)
Samuel Clemens era el nombre de nacimiento de Mark Twain, que era un seudónimo.
Traducción: Gabriela Fonseca, La Jornada, México, 27/05/03
fuente: elortiba
miércoles, 30 de mayo de 2007
Ideas sobre la literatura
En las circunstancias actuales no hay nada que esperar de la literatura. La literatura es una mercancía como cualquier otra, sujeta al modo de producción, distribución y consumo impuesto por la industria capitalista, y dotada —desde los dispositivos de la Institución literaria— con ese “aura” de excelencia que tiene la función de un valor añadido dentro de los circuitos de intercambio.
A esta situación responde la bagatela conformista que hace furor en los últimos años (esa literatura insulsa, apática, escrita por buenos chicos, complaciente con todo y con todos: una literatura sin esperanza). Pero también desde aquí cabe abogar a partir de ahora no exactamente por una literatura del afuera, como por la escritura misma en tanto afuera de la literatura. Es decir: una escritura que la Institución literaria tenga que expulsar de sí, igual que el organismo expulsa un cuerpo extraño.
Lowry perseguía la iluminación
Proust, la rama dorada del tiempo. Dostoievsky consumió su vida en la defensa militante de una quimera absurda a la que él denominaba “el Cristo ruso”... El Grial que persiguen los escritores de hoy puede nombrarse con sólo dos palabras: fama y dinero. Su deseo es un deseo cutre, de tonadillera o de paleto; y da la medida exacta de la riqueza y la profundidad de su experiencia, como también —sobra decirlo— de su lamentable catadura moral. Hoy la nómina de los escritores está compuesta mayoritariamente —y a partes iguales— por imbéciles y por canallas, sin que haya que excluir en absoluto que estas dos notas definitorias puedan darse a la vez en un mismo sujeto.
La literatura, en sus momentos más afortunados, era un campo de expresión y de conocimiento de lo humano, así como una exploración de sus posibilidades y de sus modos de experiencia inéditos. Para que esto pueda ser así, obviamente, resulta imprescindible que haya una sociedad que lo necesite y lo reclame… Y estaría de más recordar que el capitalismo de guerra funciona precisamente sobre el trasfondo de la represión sistemática y el “docto” desconocimiento de lo humano (consumados por el discurso de la ciencia y la invasión totalitaria de los dispositivos de la “comunicación”), como también sobre el cierre programado de cualquier horizonte de posibilidad, y el control y la monitorización crecientes de las formas de la experiencia. A fecha de hoy, pues, este panorama de pesadilla orweliana se traduce en un estado de narcosis generalizada (apuntalado sobre lo que la psiquiatría de Janet denominaba un “descenso del nivel mental”); con lo cual todo llamamiento a la responsabilidad y la transformación por parte de la conciencia artística no puede sino hundirse en ese territorio profundamente gelatinoso de la opacidad social. Esta sociedad, en suma, no es sólo que no necesite ni reclame el núcleo excesivo —pasional, crítico y/o utópico— que cierta literatura vehiculaba en el pasado, sino que se defiende positivamente de él, a través de la represión (en todos sus modos), la asimilación (cuando le es posible), la producción y difusión masiva de falsificaciones y sucedáneos, la indiferencia y el silencio.
El divorcio entre escritura y sensibilidad, escritura y experiencia, escritura y saber ha alcanzado tal grado de acuidad, que cuando los autores de hoy intentan escapar a la rúbrica del “entretenimiento” ponen en boca de sus narradores el tipo de sutilezas filosóficas que se puede leer/escuchar en los artículos de los dominicales, los programas de radio de medianoche, los magazines de divulgación científica o los telefilmes de corte dramático. Ahora bien: denunciar esto es perfectamente inútil, puesto que no se trata tanto de que la Institución literaria no lo sepa como de que no lo quiere saber, o —lo que es lo mismo— de que es precisamente la legitimación a gran escala de esta impostura lo que avala su status de privilegio en la trama de la dominación.
La estrategia más frecuente entre los intelectuales colaboracionistas consiste hoy en un mecanismo de defensa que Zizek, tras las huellas de Lacan, ha llamado “atenuación”. Se explica muy sencillamente: la atenuación se basa en constatar un hecho de la realidad, y acto seguido disociar esta misma constatación de cualquier posible consecuencia en el plano de la conducta práctica. Su fórmula sería: “Sé perfectamente que esto es así… (pero me sigo comportando del mismo modo que si no lo supiera en absoluto)”. Ni que decir tiene que no hay que apresurarse a asimilar la atenuación a las prolijas justificaciones del cobarde o al intrincado fariseísmo del trepa. La atenuación no se sitúa exactamente en el plano de la labilidad moral. Su dimensión propia es aún más profunda, pues con ella, con el acto de disociación que la funda —y en el que se evaden la culpa subjetiva y el displacer de la contradicción—, es el propio sujeto lo que resulta disociado, son en realidad áreas enteras de percepción y sensibilidad las que terminan secuestradas, devastadas, por esta forma tan contemporánea de la conciencia sierva.
Es la atenuación la que hace posible que en los últimos tiempos estemos escuchando a los escritores “de éxito” hablar contra la mercantilización de la literatura, o viendo cómo algunos escritores que se reclaman “de izquierdas” firman contratos —sin que se les mueva un músculo de la cara— con los más reputados “padrinos” del medio, o con las más voraces y destructoras multinacionales de la edición. Por efecto de la atenuación, la necesidad de ser consecuente se olvida, se forcluye; un corte, un hiato se desliza entre mi saber, por una parte, y mi coherencia y mi responsabilidad como sujeto por otra… con lo que quedo convertido —irremisiblemente— en rehén del Amo que desea por mí, en objeto entregado al deseo del Otro. Los traidores, los lacayos, los vendidos de siempre, son figuras casi entrañables puestos al lado de esta nueva inconsecuencia abismal, de esta denegación de todo efecto vinculado a lo Simbólico, de esta anulación/extinción de sí que tiene un pie hundido en el cinismo, y el otro pie en las puertas de la psicosis.
Eso que amo apasionadamente en la literatura (es decir: lo que en la práctica institucionalizada de la escritura aún conseguía sobrevivir —contra viento y marea— de la poesía y del mito), ni tiene modo de alojarse ya en los recientes productos editoriales, ni puede articularse —de no ser como estorbo y anomalía— con las nuevas condiciones de producción y reproducción de lo social. La literatura nació con el ascenso de la burguesía y morirá con ella, ahogada en una misma espiral de agotamiento, banalidad, zafiedad, delirio narcisista, indecencia y mentira.
La poesía y el mito, en cambio, son —mucho más allá de lo que nombraría la palabra “actividades”— modos de lo humano. La práctica consolidada por la burguesía del siglo XVII bajo el nombre de “Bellas Letras”, “Literatura”, etc., era ya una acomodación de la fecundidad poética y mítica (de la relación esencial de esta misma espontaneidad con el desbordamiento y el gasto) a las condiciones de producción intensiva, reglada, sometida a control, económica y acumulativa que el capitalismo en auge empezaba a proyectar sobre el conjunto de la existencia social. De ahí que a medio plazo comportara —bajo el nombre de “realismo”— la promoción al rango de paradigma de las formas de percepción y representación del mundo de los nuevos amos o, dicho de otra manera: una idealización de la sensibilidad que distingue a los funcionarios de abastos, los dentistas y los tenderos. Esto hace que la muerte de la literatura —a la que estamos asistiendo en los últimos años— no sea sino el advenimiento final de un origen, la realización de una latencia; y tenga mucho menos de “traición” o “fracaso” que de consumación de un proyecto, a saber: el de la transformación de la poesía y el mito en un dispositivo de producción (asistido por las “técnicas” que le son propias), el de la expropiación de lo humano en cualquiera de sus formas de surgimiento, para su conversión en beneficio.
La literatura, pues, se realiza hoy abiertamente como una instancia más del beneficio (y se dedica a apuntalar con todos los recursos a su alcance la preeminencia mítica del capital); con lo cual es este mismo cumplimiento de su proyecto histórico —el advenimiento de su verdad última—, lo que vuelve a dejar en franquía su núcleo “traumático”, excesivo, a-histórico (aquello que en la obra literaria era siempre más y otra cosa que “literatura”)… a condición de que la poesía y el mito no intenten realojarse en los salones de una casa en ruinas, a condición de que acierten a dotarse, por si mismos, de nuevos territorios y nuevas vías de realización.
Las cinco vocales
Un lector, José Fernando Blanco Sánchez, envió la siguiente carta al periódico ABC, para ampliar su conocimiento.
Carta al director del diario ABC
Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Echevarría diciendo que,"murciélago " es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.
Mi estimada señora, piense un poco y controle su " euforia ". Un " arquitecto " "escuálido ", llamado " Aurelio " o " Eulalio ", dice que lo más "auténtico " es tener un " abuelito " que lleve un traje "reticulado " y siga el " arquetipo " de aquel viejo " reumático " y " repudiado ", que " consiguiera " en su tiempo, ser " esquilado " por un " comunicante", que cometió " adulterio " con una " encubridora " cerca del " estanquillo ", sin usar " estimulador".
Señora escritora, si el " peliagudo " "enunciado " de la "ecuación " la deja " irresoluta", olvide su "menstruación " y piense de modo " jerárquico ".
No se atragante con esta "perturbación ", que no va con su " milonguera " y "meticulosa " " educación ".
Y repita conmigo, como diría Cantinflas:
¡Lo que es la falta de "ignorancia"!
viernes, 18 de mayo de 2007
Africa pide perdón por sus esclavos
La siniestra fortaleza de Emina, helada y tenebrosa, construida con enormes piedras, recibe los golpes furiosos del mismo océano que vio un comercio incesante de personas cazadas como animales, encadenadas sin clemencia y puestas a esperar las naves que las llevarían a su destino misterioso, que intuían infectado de humillación y crueldad.
El año que viene se celebrará medio siglo de la independencia de Ghana, primer país negro liberado del yugo colonial. Ha lanzado la audaz iniciativa de expandir por el mundo una campaña turística en torno del tráfico de esclavos. Ghana pretende activar el interés de las comunidades negras dispersas para reconectarse con el país de sus ancestros. Pero lo sorprendente es que la invitación viene acompañada de una conmovedora disculpa. No una disculpa de los países que se señalan como responsables del comercio vil, sino de los mismos africanos residentes en Africa, algunos de cuyos antepasados fueron cazadores de su propia gente.
Emmanuel Hagan, del Ministerio de Turismo y Relaciones Diaspóricas, afirma: “Debemos mirarnos a la cara; algo anduvo mal. Se cometieron errores y estamos arrepentidos por lo que ha pasado”.
La Unesco estima que 17 millones de niños, mujeres y hombres fueron tomados por la fuerza y hundidos en barcos que los llevaron a América. La travesía era un anticipo del horror que les esperaba. Muchos perecieron en el curso del viaje y pavimentaron el fondo del océano con largas alfombras de cadáveres.
Los libros de historia se han concentrado en forma predominante en los negreros (horrible palabra) de origen portugués, holandés y británico, que compraban la angustiada mercadería humana en la costa de Africa y la vendían en los puertos americanos, con una brutalidad sin límites. Pero se marginaba casi siempre el dato horrible de que jefes y jefezuelos africanos eran quienes secuestraban y vendían hombres, mujeres y niños para arrastrarlos a fortalezas sin retorno, desde donde se los embarcaba con el granizo de los azotes.
El gobierno de Ghana no se queda en ambigüedades y asume con dignidad la verdad entera. Los folletos que ha imprimido para este inédito y doloroso turismo de reencuentro describen las junglas próximas al mar y también cómo eran cazados hombres y mujeres, arrancándolos de sus aldeas. Describe las columnas de gente golpeada con garrotes y látigos, asesinada ante la menor resistencia y sujetada con cadenas que desollaban la piel.
Ghana posee unos cincuenta monumentos que evocan esa época trágica. Funcionarán como hitos del peregrinaje que harán los que vayan en busca de sus raíces. Es el primero y hasta ahora el único país de mayoría negra que formula su pedido de perdón por el tráfico de esclavos de una manera inequívoca. “Sólo queremos decir «perdón», sólo queremos pedir que nos calmemos ante tanto sufrimiento e intentemos repararlo –insiste Emmanuel Hagan–. Creo que si decimos «perdón» no importará la intensidad de los sentimientos contrarios. Las cosas mejorarán.” Quienes ya efectuaron estas visitas han tenido reacciones diferentes, desde una rabiosa devastación hasta una serenidad nirvánica.
El proyecto se llama “Joseph”. Hace referencia a José, el novelesco personaje de la Biblia que fue vendido por sus propios hermanos, quien fue luego encarcelado en las prisiones del faraón, de las que logró salir para iniciar un camino de prosperidad, que, finalmente, lo llevó a reencontrarse con su familia. Lejos de guardar resentimiento, la abrazó con lágrimas de felicidad.
Esta iniciativa ya ha desatado numerosas investigaciones. Es sabido que la esclavitud persiste hasta la actualidad. En países como Mauritania y Sudán fueron denunciados muchos casos. Pero la Comisión de Derechos Humanos de la ONU está controlada desde hace décadas por gobiernos dictatoriales, corruptos y reaccionarios que se cubren unos a otros las respectivas fechorías. Por lo general nunca llegan a tratarse los hechos más horribles, de los que son responsables.
Además, contrariamente a la idea que impusieron los mitos, la esclavitud no empezó con los africanos trasladados a América. La misma palabra “esclavo” lo revela en forma elocuente. Proviene de “eslavo”, y se refiere a la gran cantidad de pueblos de origen eslavo que fueron sometidos a esa degradante condición, aunque los eslavos no fueron los primeros ni los únicos en sufrirla. Tampoco la esclavitud tiene estricta vinculación con la raza. La Biblia se refiere a los siervos que provenían de pueblos vecinos y que, en realidad, no eran más libres que los esclavos de otras partes, aunque el monoteísmo ético imponía fuertes límites al abuso. Los hebreos no dejaban de repetir que también ellos habían sido esclavos en Egipto.
Mucho antes aún había empezado esta institución nefasta, en la remota prehistoria, cuando el hombre se dio cuenta de que en vez de matar al enemigo derrotado convenía hacerlo trabajar en su provecho. Para esa época fue un progreso, porque se pasó del asesinato a cierto respeto por la vida. La esclavitud, en consecuencia, fue un fenómeno universal durante la antigüedad, en la que cabían todos los colores de la piel y todas las raíces del origen. Para Aristóteles era una institución aceptable.
La ardorosa polémica en torno a la esclavitud que se desarrolló en los Estados Unidos desde su independencia creó la falsa impresión de que en este país tuvo una presencia más numerosa y catastrófica que en el resto del mundo. La constitución sancionada por los padres fundadores determinaba: “todos los hombres nacen iguales”, y esa frase la puso en escandaloso enfrentamiento con la realidad. Dinesh D’Souza, ensayista de origen hindú, escribió: “En muchas civilizaciones de Occidente y de Oriente, la esclavitud no necesitó defensores, porque no tenía críticos”. En cambio, en los Estados Unidos sobraban los críticos y no se dejaba de debatir una cuestión que irritaba el principio constitucional. La consecuencia fue la sangrienta Guerra de Secesión, con el triunfo de los antiesclavistas.
En su libro Controversia sobre reparaciones por la esclavitud, David Horowitz señala que entre los años 650 y 1600, es decir, antes de que Occidente empezara su comercio negrero, cerca de diez millones de africanos habían sido comprados por mercaderes musulmanes que los usaban en las sociedades saharianas y para su comercio con el océano Indico. En contraste, la esclavitud en los Estados Unidos duró 89 años, desde 1776 hasta 1865, y el número total de esclavos que ingresaron redondea las 800.000 personas, menos de las que fueron a América latina.
El debate continúa, porque existen organizaciones y personalidades que exigen el pago de reparaciones por la esclavitud de sus antepasados. Las demandas no han podido prosperar aún, ni siquiera en las organizaciones internacionales, porque, como ya señalamos, casi todas están controladas por países que prefieren concentrarse en algunas cortinas de humo para no tener que asumir sus propios pecados. La iniciativa de Ghana echará sal a la polémica al introducir una cuña de sinceridad y de inédita coloratura, al margen de las reparaciones. El proyecto Joseph beneficiará al espíritu humano, porque focalizará iniquidades que no deberían persistir en este mundo.
Por Marcos Aguinis
Para LA NACION
Contradicciones turcas
Turquía es una de las naciones más ricas en historia y pluralidad de culturas del Medio Oriente. Su ubicación decisiva entre Oriente y Occidente llenó grandes ánforas con joyas de sucesivas civilizaciones, arte, religiones, arquitectura, pensamiento, poesía, leyendas. El otomano fue uno de los imperios que más duraron en el mundo, desde 1299 hasta 1922. En la Edad Media su territorio fue conquistado por pueblos que venía del Asia, compuestos por guerreros indomables. Pero, una vez consolidado el sultanato, se convirtió en una potencia de refinados modales y ejemplar tolerancia. Cuando España expulsó a los judíos y a los moros, Turquía los recibió con los brazos abiertos.
Sus autoridades se mofaban del fanatismo occidental, al agradecer burlonamente que los españoles les mandaran a sus mejores colectividades.
El islam, en el imperio otomano, fue respetuoso de otras denominaciones religiosas, y tanto cristianos como judíos pudieron prosperar, dialogar e integrarse con la mayoría musulmana, sin los agobios del prejuicio ni la discriminación. Esto demuestra que el islam puede generar un clima de pluralismo apacible y fructífero cuando no es secuestrado por sectas llenas de odio.
En consecuencia, no sólo deberían tomarse como modelo de convivencia los tres siglos de confraternidad tricultural en Andalucía, sino el largo período de paz en el vasto imperio otomano, también sede del califato que regía sobre todos los sunitas y alawitas del mundo.
Pero, a comienzos del siglo XX, estimulado por modelos europeos, estalló el movimiento nacionalista de los Jóvenes Turcos, que consiguió deponer y desterrar al sultán Abdul Hamid II, llamado El Rojo por su crueldad sanguinaria. Los Jóvenes Turcos gobernaron el imperio durante diez años, hasta el final de la Primera Guerra Mundial, pero conservando las centenarias instituciones del sultanato y el califato, que garantizaban la preeminencia de Constantinopla (Sagrada Puerta) sobre los musulmanes del mundo.
Al principio, los Jóvenes Turcos blandieron el lema de "libertad, fraternidad e igualdad" para todos, pero una vez instalados en el poder lanzaron una política basada en el panislamismo y el panturanismo . El panislamismo quería imponer la uniformidad religiosa, al mejor estilo inquisitorial. El panturanismo se basaba en que todos los pueblos -desde Mongolia, en el lejano Este, pasando por las estepas del sur de Rusia y las montañas del Cáucaso, hasta la resplandeciente Constantinopla y gran parte de los Balcanes- pertenecían a una etnia común, llamada turán. Debían constituir un único país, donde no tendrían la misma jerarquía los árabes, los judíos, los kurdos, los armenios y los griegos de los que estaba salpicado el enorme territorio. Se parecía a la futura consigna racista nazi de "tierra y sangre".
No era casual. Los Jóvenes Turcos se reconocían admiradores de Prusia, al extremo de imitar sus cascos y uniformes. Enver Pashá había sido agregado militar en Berlín antes de dar el golpe de Estado de 1908. Usaba bigotes como el Káiser y hasta dijo que, en secreto, el Káiser se había convertido al islam. Tan intensa se convirtió la influencia prusiana que periodistas de la época ironizaban diciendo que el nuevo himno turco debía titularse Deutschland über Allah.
Esta explosiva mezcla de nacionalismo y religión condujo al derrumbe del imperio más antiguo del planeta. Rusia soñaba con apoderarse de Constantinopla y rebautizarla con el nombre de Zargrad . Para ello se autotituló protectora de los enclaves cristianos, en especial de Georgia y Armenia, las dos naciones que oficializaron el cristianismo antes que Roma.
Como respuesta, el Sultán Rojo lanzó ataques contra los armenios, del mismo estilo de los pogromos que los zares lanzaban contra los judíos, y eso quedó como un precedente nefasto.
Turquía desempeñó un papel muy importante en la Primera Guerra Mundial, que no se limitó a la apocalíptica batalla de Gallipoli. Los Jóvenes Turcos eligieron mal a sus aliados y perdieron en casi todos los frentes, con un número alucinante de bajas.
De no haberse producido la revolución bolchevique en 1917, quizá Rusia hubiera podido concretar su sueño de extenderse por el Medio Oriente.
La campaña turca para ganar territorios en el Este y llegar a las zonas petrolíferas del mar Caspio también fue un fracaso. La urgencia por descargar la culpa en un chivo expiatorio reavivó la política criminal de Abdul Hamid contra los armenios, y se puso en marcha el primer genocidio del siglo XX.
El caos de la conflagración mundial permitió llevar a efecto asesinatos masivos. El propio Ministerio de Guerra, pese a sus dificultades, envió una orden que estremece: "Sin violar la disciplina ordinaria, separar a los soldados armenios, llevarlos a lugares aislados, lejos de miradas extrañas, y fusilarlos".
El 24 de abril de 1915 fueron masacrados atrozmente dos mil dirigentes comunitarios, intelectuales, científicos, escritores, artistas, pedagogos, médicos y religiosos armenios. En mayo siguió una deportación de innumerables sobrevivientes, que murieron en el trayecto por hambre, sed, enfermedades o asaltos de bandas nómades. No satisfecho con esta hecatombe colosal, el enloquecido gobierno de los Jóvenes Turcos se aplicó a destruir evidencias de la masacre, así como los testimonios de la milenaria cultura armenia conservada en iglesias, monasterios e instituciones seculares.
Cuando a Hitler se le advirtió sobre las consecuencias que podría tener su obsesión de asesinar a todos los judíos, contestó riendo: "¿Y quién se acuerda del genocidio armenio?"
Hasta el presente, Turquía está en deuda con la admisión de este horrendo capítulo de su historia. Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura, insiste en que urge reconocer y reparar el daño inconmensurable, como lo intentó Alemania con los judíos. Un nacionalismo turco mal entendido no lo acepta aún.
Con esa carnicería quedaron manchados siglos de tolerancia, pluralismo y convivencia multiétnica. Es una flagrante contradicción que se debería resolver para enlazar un presente difícil con los momentos estelares del pasado, cuando Turquía era un país ejemplar.
En 1918, los Jóvenes Turcos habían consumado el derrumbe de la nación. Políticos liberales y monárquicos constitucionalistas pretendieron arrestarlos y juzgarlos, con ayuda de las fuerzas aliadas victoriosas que ocuparon el país. Pero en su mayoría habían huido a Berlín.
El nuevo sultán, Mehmed VI, creyó posible reconstruir su alianza con Francia e Inglaterra. Pero era tarde y había empezado el desmantelamiento del Hombre Enfermo de Europa, como se llamaba al imperio otomano. Esas potencias colonialistas se repartieron la herencia y Turquía quedó reducida a sus límites actuales. En las metrópolis europeas se dibujaban las nuevas fronteras. Churchill dijo que él mismo fijó la fronteras de Irak con inspirada rapidez, un viernes a la tarde, después de la siesta.
Al mismo tiempo, la feérica Constan-tinopla se transformaba en el cobijo de millares de refugiados que huían del terror bolchevique. Nobles, artistas, empresarios, profesionales y políticos que no se resignaban al nuevo genocidio en nombre de la revolución deambulaban por hoteles, bares, teatros y garitos, empleándose en trabajos insalubres o reclamando absurdos privilegios. Turquía volvía a ser un país de brazos abiertos y corazón grande, que permitía vivir, sobrevivir y reconstruirse.
La atmósfera de desazón fue aprovechada por el general Mustafá Kemal Atatürk, líder de un nacionalismo moderado y progresista. No usaba los bigotes del Káiser ni amaba los ritos prusianos. Mantuvo aparente lealtad al debilitado sultán hasta que pudo hacerse fuerte en Ankara, futura capital del país. Primero eliminó la realeza manteniendo el califato. Después lo anuló también. Cambió el nombre de Constantinopla por el de Estambul. Inyectó esperanza en una nueva Turquía, digna de compartir el destino de las potencias aliadas. Instituyó el alfabeto latino, dio plena igualdad a la mujer, quitó la obligación del velo, estableció el respeto por los diversos cultos, impulsó la educación, la democracia y el desarrollo económico. En 1923 sancionó la Constitución secular que rige hasta el presente. Turquía era el primer país musulmán que se atrevía a separar la religión del Estado. Y, si llegara a ingresar en la Unión Europea, sería la nación más poblada del conjunto, con 71 millones de habitantes, después de Alemania, que tiene 82 millones.
Aunque apenas un tres por ciento de su territorio se encuentra en la Europa propiamente dicha, es fuerte el deseo de incorporarse a la Unión. Millones de europeos ven con buenos ojos este camino, porque consolidaría el carácter laico, moderno y republicano de Turquía. Pero encendió alarmas el crecimiento del fundamentalismo. Aunque el gobierno actual es islámico moderado, se notan avances clericales de alto riesgo. Las multitudinarias manifestaciones en defensa del laicismo que se realizan ahora pretenden obliterar ese peligro.
Las fuerzas armadas, que se consideran herederas del legado construido por Kemal Atatürk, significan otra contradicción, porque parecerían inmiscuirse en la democracia para salvar la democracia. La mayoría de los turcos no querrían hundirse en las tinieblas autoritarias de un régimen teocrático como el iraní, menos aún millones de mujeres y de ciudadanos modernos, acostumbrados a los derechos que rigen en Occidente.
Las contradicciones turcas hunden sus raíces en una larga y colorida historia. En ella hubo momentos de sensatez paradigmática. Ojalá termine por imponerse. No sólo será bueno para ese hermoso país.
Por Marcos Aguinis
Para LA NACION - 18 de mayo de 2007
martes, 17 de abril de 2007
"La gran deuda de la región es la justicia"
El escritor mexicano Carlos Monsiváis, considerado el gran cronista de México y América latina, subraya sin dudar: “Una sociedad que no lee acaba siendo una sociedad que no sabe de qué habla”.
El ganador del Premio Juan Rulfo 2006 cree sinceramente en la integración iberoamericana, pero identifica la falta de justicia como la gran deuda de la región. Afirma, además, que la grandeza literaria de Borges y García Márquez reside en que ambos encarnan la majestuosidad de la lengua española y “toman en cuenta la inteligencia de sus lectores”.
Lúcido intelectual, Monsiváis, de 68 años, anda por la vida con cierto aire de distraído. Casi en voz baja, antes de inaugurar ayer las Jornadas de Profesionales en la 33a. Feria Internacional del Libro, que abrirá sus puertas en La Rural pasado mañana, el pensador confesó a La Nacion: “Estoy un poco nervioso”.
Lector obstinado y autor, entre otros trabajos, de Aires de familia (Anagrama), con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en el año 2000, hablará mañana en el Malba, a las 19, sobre la vida y la obra de los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo.
–¿Existe la tan mentada cultura iberoamericana, cuyos modos de percepción según usted están en crisis?
-Sí, existe y tiene que ver con la integración desde adentro. Hay un proceso común vinculado con la uniformidad de las ciudades, de los gustos, con el hecho de que las variantes locales son sólo variantes de movimientos que están surgiendo. No veo diferencias entre la producción de rock de la Argentina, México, Perú o Colombia. Puede haber músicos mejores o peores, pero la poesía de las letras y su búsqueda sociológica están presentes en todos los países. Las especificidades regionales han disminuido. Quedan usos lingüísticos, pero eso no nos impide comprender los textos. Esa tendencia a la integración es cada vez más fuerte. La comunicación es una de las grandes formas de integración.
-¿Por qué los latinoamericanos han necesitado siempre salir del continente para encontrar la universalidad?
-Antes era porque si había un reconocimiento afuera eso impactaba adentro. No era posible desatender esa universalidad concentrada monopólicamente en unas cuantas ciudades y en sus elites culturales. Ahora, ese criterio de universalidad se trasladó al mercado y éste la dicta. Los cineastas mexicanos con éxito en el exterior no tienen industria dentro de México. Sólo el 30% de lo que se produce se ve en el cine. La gente ve las películas en DVD y en su casa. Y el 90% de las que se venden son copias piratas. El caso de la literatura tiene que ver con un sistema de distribución. La industria editorial sigue muy concentrada en manos españolas y eso vuelve invisible lo que se publica en nuestros países. En este sentido hace falta un gran esfuerzo político para crear un circuito de circulación en América latina. Por desgracia, todo está sujeto a la política.
-Para que esa circulación se acentúe, ¿no harán falta más obras canónicas como Cien años de soledad , por ejemplo?
-No, creo que lo que sigue funcionando con Cien años de soledad es que, desde el primer momento, somete al lector a la majestad del idioma, que se presenta con una fuerza conmovedora. Nada me impresionó más en el Congreso de la Lengua, en Cartagena, que ver un auditorio colmado en que todos habían leído Cien años de soledad . La experiencia de la unanimidad de la lectura es excepcional. García Márquez reconstruyó el afecto por el idioma en un momento en que éste parecía haber quedado atrás. El idioma en sí mismo es una épica. No lo que la novela cuenta, sino el modo en que lo cuenta. Ese milagro logró también Rubén Darío a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
-¿Cree que ocurre lo mismo con la obra de Borges?
-Absolutamente. Borges es el esplendor del idioma y la finura de la inteligencia. Toda la elocuencia de Borges está medida por la ironía y uno agradece profundamente que él tome en cuenta la inteligencia de sus lectores. Activa la pasión por la cultura como un acto de soberana inteligencia. Nadie lee del mismo modo un libro de Borges, uno siempre renueva su lectura. Hoy priva la desconfianza hacia los lectores. Eso implica un descenso de ambiciones. Esto no pasa con Borges o García Márquez porque escriben para un lector que son ellos mismos.
-Dice usted que hoy el cine es el alimento de la literatura, como lo fue la literatura del cine a comienzos del siglo pasado. ¿Hay modo de cambiar esto?
-Se trata de una sucesión de reemplazos. El papel que la poesía desempeñó a fines del siglo XIX también desapareció. El cine tiene cada vez más espectadores inteligentes que se nutren de las ofertas visuales, narrativas y literarias de las películas. El DVD proporciona la oportunidad de armar una cultura fílmica con cierta rapidez. Creo que las "dividitecas" van a ser cada vez más el complemento en el hogar, y en algunos casos el reemplazo de las bibliotecas personales. Funcionan porque en algún momento alguien tiene necesidad de volver a ver una secuencia de una película.
-Un asunto común en la cultura iberoamericana es la revisión del pasado. ¿Cómo se construirá la memoria histórica hacia el futuro?
-No es memoria histórica, sino política que usa la memoria histórica para movilizarse. Todas las comisiones de la verdad son el ejercicio de la memoria política, que requiere la validación de la memoria histórica. No es la historia la que necesita hacer justicia, por ejemplo, en el caso de los desaparecidos. La justicia en ese caso es la posibilidad de existencia de una sociedad racional, uno de cuyos instrumentos es la justicia, que es la gran deuda de la región. Sin justicia, todo es amnesia.
-¿Sigue creyendo que Manuel López Obrador era la mejor opción electoral en México?
-No fue la mejor. Fue la única. Por eso persisto en creer que, en la medida en que la justicia social es posible, ésta sólo se logrará con un acercamiento de la izquierda. El analfabetismo cultural y moral proviene de la derecha. Aun con las muchas críticas que cabe hacerle, la izquierda es la única alternativa posible. Es lo más cercano a la eficacia que puedo apoyar.
Material cargado por Lic. Santalla
martes, 10 de abril de 2007
Los nadies
Los nadies
viernes, 16 de marzo de 2007
Che Guevara: Socialismo y Moral Revolucionaria
Argenpress.info
En el 35º aniversario de la muerte de Ernesto 'Che' Guevara, el periodista Emilio J. Corbière se refiere a su significación ético-política. Más allá del mito, como personalidad de nuestra época. Ernesto Guevara no es sólo el quijote revolucionario, el teórico de la construcción socialista, es algo mucho más importante: es el ejemplo moral.
Este recuerdo podrá parecer poco materialista, se podrá decir que se trata de una apreciación subjetiva. Pero me apresuro a responder que no es así, porque la moral revolucionaria integra, en un lugar principal, la cosmovisión que del hombre y la sociedad tiene el marxismo.
Guevara fue eso: un ejemplo militante de moral firme. Internacionalista, vibró ante el ataque criminal de los norteamericanos contra la Guatemala de Jacobo Arbenz. Eso, y otras razones políticas e ideológicas, le determinaron a unirse al grupo de patriotas cubanos, encabezados por Fidel Castro, para liberar a Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista.
¿Qué hizo a Guevara abandonarlo todo: familia, fortuna personal, carrera profesional, para unirse a ese puñado de luchadores? ¿Qué fuerza lo movió a afincarse en la isla del Caribe, lejos de su patria de nacimiento? ¿ Porqué el Che, después del triunfo de la Revolución, y cuando ésta se consolidaba, ocupando altos cargos y responsabilidades ministeriales, abandonó esa seguridad y partió hacia Bolivia para enfrentar a los militares gorilas y los 'rangers' entrenados en los Estados Unidos?.
Esa fuerza no tenía nada de misterioso, ni había caído del cielo. Nació de su conciencia -individual y social- y se llama moral revolucionaria.
Fueron las mismas convicciones por las que el escritor norteamericano John Reed peleó en la Revolución de Octubre junto a los obreros y campesinos rusos. Fue el mismo idealismo que movilizó al médico Norman Bethune, quien en representación de la izquierda de Estados Unidos y Canadá, se unió a los revolucionarios comunistas chinos y se distinguió por su valor y sus conocimientos científicos en el 8° Ejército, donde murió a raíz de una infección, mientras curaba heridos.
Era el mismo espíritu moral de los brigadistas internacionales, muchos de ellos argentinos, que convergieron en 1936, a la España Republicana para luchar contra el fascismo. Y como estas hay muchos otros ejemplos.
Desde luego que el Che no rechazaba a quienes, desde la caída de Batista, se dieron a la ciclópea tarea de construir la nueva Cuba. El mismo fue ministro y funcionario. Pero en un momento de inflexión de su vida, creyó que debía continuar la lucha junto a otros pueblos latinoamericanos en su largo y empinado camino hacia la liberación. Y así partió a Bolivia.
Puede compararse a Guevara con Francisco de Miranda. Guevara era del mismo metal humano que el de Miranda. El venezolano, precursor de la Independencia, había combatido, como voluntario en las Revoluciones Norteamericanas de 1776, en la Revolución Francesa de 1789, y retornó a su América Latina, cuando llegó la hora de combatir por la emancipación de las colonias hispanoamericanas. Los españoles lo apresaron, lo encerraron en un calabozo bajo tierra, y al morir en cautiverio, cremaron sus restos, al parecer, para no dejar rastro de su vida. En el museo histórico de Caracas, junto al lugar donde reposan los restos del Libertador Bolívar y otros patriotas venezolanos, puede verse, aún, un féretro abierto, que como símbolo espera los restos de Miranda.
Los imperialistas de ayer y de hoy, se ensañan con los cuerpos de los revolucionarios, recurren al crimen, la tortura, la eliminación, y también al ocultamiento de los despojos de los caídos en combate.
Esa es la moral hipócrita de las clases dominantes. No saben que el ejemplo de revolucionarios como es el caso de Ernesto Guevara, su vida, sus ideas, su práctica social, trasciende a su propia persona para transformarse en un arma mucho más potente que las armas convencionales: la voluntad colectiva despliega en todos los sentidos la conciencia de la revolución y de la transformación.
En una entrevista realizada por el periodista Jean Daniel, en Argel, en Julio de 1963, para la revista L'Express, el Che decía: 'El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero luchamos al mismo tiempo contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es eliminar el interés, el factor 'interés individual' y el lucro de las motivaciones psicológicas. Marx se preocupa tanto de los factores económicos como de su repercusión en el espíritu. Llamaba a esto 'hecho de conciencia'. Si el comunismo se desinteresa de los hechos de conciencia, podrá ser un método de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria.'
Etica y libertad
Guevara era un idealista, pero el suyo era un idealismo ético, que no debe confundirse con el llamado idealismo filosófico. Por el contrario, el moralismo de las clases dominantes, en realidad, su inmoralidad, siempre protege la ausencia de libertad, la desigualdad, la explotación, ni bien se determinan ásperos antagonismos de clase.
El contenido del nuevo ideal moral deriva de una profunda necesidad social, de una cálida aspiración, de una enérgica voluntad de algo distinto, de algo opuesto a lo que existe. En pocas palabras. El ideal moral es el conjunto de deseos y aspiraciones que provoca el antagonismo con el estado de cosas existente.
El ideal moral así entendido es un medio de reunir e incitar a las fuerzas transformadoras en la lucha contra el ordenamiento existente y se constituye en una palanca poderosa para superar ese estado de cosas.
La moral revolucionaria, entonces, no es sólo negación, contradicción, sino medio para reunir e impulsar a las fuerzas de las clases oprimidas. Surge de las condiciones económico-sociales, del desarrollo tecnológico de cada sociedad nacional, y del desarrollo cultural y al igual que el instinto social, el ideal moral no es un fin, sino una fuerza, o bien un arma en la lucha social por la existencia; el ideal moral es un arma particular en la particular situación de la lucha de clases, en la lucha por la liberación nacional.
Los héroes de que hablaban los historiadores burgueses, como Guizot, Michelet, Carlyle, eran 'iniciadores', 'grandes', que parecían generarse respecto de su época. El hombre nuevo del que habla el socialismo, no es aquel quimérico héroe de los clásicos o de la historiografía liberal-reaccionaria del Siglo XIX.
El viejo Jorge Plejanov decía que las particularidades individuales de las personalidades eminentes determinan el aspecto individual de los acontecimientos históricos, y el elemento casual, desempeña siempre cierto papel en el curso de estos acontecimientos, cuya orientación está determinada, en última instancia, por las llamadas causas generales, es decir, por el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones mutuas entre los hombres en el proceso económico-social de la producción, que aquel determina. Pero hay en realidad una interdeterminación, una interrelación entre persona y medio, que no es mecánica sino que se transforma dialécticamente en creación. Lo dijo Mariátegui, el socialismo es 'creación heroica'.
Guevara reflexionó en forma creadora sobre este tema de la moral revolucionaria, sobre el rol del individuo y de las masas en una sociedad en la sociedad.
Sostenía que hay una estrecha unidad dialéctica entre el individuo y la masa, y que esta como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.
En cuanto a individuo, Guevara señalaba que como producto no acabado, los aspectos negativos del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual, y que para erradicar esa falsa conciencia, debía realizarse un trabajo continuo.
Persona y autoeducación
Un proceso doble, donde actúa, por un lado la sociedad con la educación directa e indirecta, y en donde el individuo se somete también a un proceso de formación o autoeducación.
En los momentos revolucionarios es fácil potenciar los estímulos morales, pero para mantener esa nueva conciencia que se forja con el desarrollo de la nueva sociedad es necesario desarrollar una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas, y para ello, decía el Che, 'la sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela'.
En el período de construcción del socialismo, señalaba Guevara, 'podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas'.
El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, dirigentes y masas se separan. Para lograr los cauces que permitan un crecimiento armónico y creativo, es necesario crear los mecanismos, las instituciones revolucionarias que permitan la 'identificación -decía el Che- entre el gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa'.
Advertía Guevara que es preciso acentuar la participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción y ligarlos a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo éstos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. 'Así logrará -decía el Che- la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación'.
Agregaba que 'esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana través de la cultura y el arte'.
Sin dogmas ni teoremas
Guevara no creía que el socialismo, su construcción, fuera un dogma o un teorema. Tampoco una forma de capitalismo de Estado. Por eso reflexionaba diciendo que 'el socialismo es joven y tiene errores. Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesaria para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y sufren de la influencia de la sociedad que los creó. La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben.'
Es por eso que pensaba que la lucha contra el dogmatismo y la superficialidad, era una tarea de todo momento en la construcción del socialismo.
En su carta a 'Marcha' de Montevideo, publicada por el semanario el 12 de marzo de 1965, titulada 'El socialismo y el hombre en Cuba', Guevara concluye de la siguiente manera:
'Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres' y agrega después: 'el camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica. La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta'.
Las nuevas generaciones
Esta era la moral revolucionaria de la que hablaba el Che, es su gran legado a las nuevas generaciones latinoamericanas. El Che era férreo mojón del hombre nuevo, y así los testimonió con su propia vida, con su propio desinterés, con su abnegación. Como en los casos de John Reed o Norman Bethune, y en el de tantos otros.
Hay muchos temas para recordar en la vida polifacética de ese hombre que murió a los 39 años, cuando todavía se podía esperar lo mejor de su preclara inteligencia. Pero lo que se debe aprender de él, antes que nada, es su mensaje de libertad para los oprimidos, para todos los hombres y mujeres de esta América latina sufriente y para todos los pueblos y naciones oprimidas.
Fuente: www.chilevive.cl
Carta de despedida del Che
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