"No hay que regalar las palabras nobles a los canallas" Osvaldo Soriano
VIERNES - 7 pm - www.fmurquiza.com - FM 91.7
CIELO Y TIERRA en la Blogosfera
Nuestra esperanza es que este encuentro favorezca la construcción conjunta de una comunidad sostenida por la solidaridad, el respeto mutuo, la promoción de los derechos humanos y la mejora en el sistema político en favor de una democracia plena.
Intentamos por Cielo y Tierra:
* Despertar la solidaridad, la reflexión, la toma de conciencia y el respeto mutuo, como ejes de una convivencia social en armonía, equidad y justicia.
* Fortalecer el juicio crítico y la conciencia social
* Difundir el pensamiento mariteniano aplicado a diferentes perspectivas que componen la sociedad, (cultura, política, economía, salud, ciencia y tecnología, diálogo ecuménico e inter-religioso)
Hagamos del encuentro una oportunidad para conocernos, enriquecernos y hacer posible una sociedad mejor para todos.
Te esperamos todos los viernes a las 7 de la tarde en www.fmurquiza.com FM 91.7 para compartir una charla entre amigos, acompañada de muy buena música étnica y literatura en nuestro idioma.
Claudia Santalla y Giselle Zarlenga
jueves, 24 de enero de 2008
El autor es un periodista que vive en Gaza desde 1992.
viernes, 18 de enero de 2008
Las FARC, un decadente club de narcos y bandidos
El País, de Madrid
Cuando comencé a conocer el conflicto colombiano me costó creer que los jefes de las FARC viajaran en vehículos con aire acondicionado y que sus campamentos tuvieran muchas comodidades; también me sorprendió el evidente sobrepeso de algunos de sus comandantes. La guerra civil salvadoreña se explicaba por el exceso de poder del Estado; contrariamente, el conflicto colombiano se explica, esencialmente, por la debilidad del Estado en el control de su propio territorio. Colombia tiene lugares donde no hubo gobierno durante más de 40 años. Este vacío lo llenaron paramilitares, guerrilleros, narcotraficantes y bandidos, que se convertían automáticamente en autoridad, ante la indiferencia o anuencia de los gobiernos. Los guerrilleros salvadoreños disputamos en combate cada metro cuadrado de nuestro pequeño país a gobiernos autoritarios sostenidos militarmente por los Estados Unidos. En Colombia, por el contrario, las FARC han sido una guerrilla sedentaria que sin combatir mucho controló extensos territorios en los que no había gobierno. Por ello llevan 43 años en el monte y algunos de sus jefes han muerto de viejos. Sin embargo, en Colombia misma el Movimiento 19 de Abril (M-19) fue la primera guerrilla latinoamericana que, a costa de muchos muertos, negoció reformas políticas democráticas. Ahora el M-19, como parte del Polo Democrático, es la segunda fuerza del país. Es decir, que en Colombia la izquierda podría ganar las próximas elecciones, como ya ocurrió en Chile, la Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú, Panamá, República Dominicana, Venezuela, Guatemala y Nicaragua. Hay quienes continúan viendo a los países de América latina como repúblicas bananeras en las que la violencia política es legítima. El mapa, los tiempos y el dinero de la cocaína coinciden con el crecimiento de la violencia de las FARC en los 90. Antes de eso eran una insurgencia perezosa y, por lo tanto, poco relevante. En 1990, al morir su líder político Jacobo Arenas, las FARC se quedaron sin contención ideológica frente a los cultivos de coca que proliferaban en sus territorios. Comenzaron extorsionando narcotraficantes y terminaron siendo dueños de la mayor producción de cocaína del mundo. Transitaron de última guerrilla política latinoamericana a primer ejército irregular del narcotráfico, convirtiéndose en un reto real para el Estado colombiano. Los gobiernos de los últimos 20 años tuvieron que comenzar a revertir la debilidad del Estado y a corregir abusos pasados. Primero acordaron la paz con las insurgencias políticas; luego desarticularon a los grandes carteles de narcotraficantes que dirigía Pablo Escobar; seguidamente un gobierno bogotano inventó formas exitosas de combatir la cultura de violencia, y finalmente iniciaron la recuperación del campo. Propusieron negociaciones a las FARC, que fracasaron debido al secuestro de 12 parlamentarios que fueron ejecutados en junio de 2007. La fuerza del ejército y la policía crecieron y se desplegaron de forma permanente en los 1120 municipios de Colombia. Los paramilitares empezaron a ser combatidos y desmovilizados. Los jefes guerrilleros perdieron sus vehículos con aire acondicionado y sus campamentos con heladera. Acorralados, incurrieron en el terrorismo. Unos 117 pobladores murieron refugiados en la iglesia de Bellavista cuando ésta fue destruida por las FARC; un coche bomba con 200 kilos de explosivos demolió un club bogotano lleno de familias. Esto se volvió cotidiano, y los civiles muertos y heridos sumaron miles. Secuestro y narcotráfico Sin embargo, ahora la violencia de las FARC es decadente y, en 2007, no pudieron realizar una sola toma u hostigamiento a los poblados que controla el Estado. Sus combatientes se desmovilizan masiva y voluntariamente, 2400 sólo el año pasado, y hay evidencia pública de que algunos jefes guerrilleros han recuperado las comodidades perdidas en el territorio venezolano. Las FARC no tienen futuro como guerrilla, aunque lo tengan como narcotraficantes. La inmensa selva colombiana les facilita mantener a los rehenes que secuestraron en el pasado y usarlos como su último cartucho político. Las duras condiciones en las que mantienen a éstos evidencian desmoralización y pérdida de control; ni siquiera sabían dónde estaba el niño Emmanuel. Las FARC hicieron del secuestro, la extorsión y el narcotráfico sus principales actividades. Son los mayores secuestradores del planeta. Una insurgencia negocia a partir de la legitimidad política de sus demandas o de la fuerza militar que detenta, pero exigir legitimidad a cambio de rehenes maltratados y amenazados de muerte equivale a pedir respeto por ser malvado. El antineoliberalismo no justifica explotar el dolor de las familias de los rehenes. Si Chávez estuviera sólo ayudando a salvar rehenes sería positivo, pero su reconocimiento político a las FARC reaviva la violencia colombiana, le abre las puertas de su país a la cocaína y lo convierte en protector de unos crueles narcoterroristas.
El autor es un ex guerrillero salvadoreño, cofundador del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Hoy mantiene una postura crítica sobre la izquierda de la región y se desempeña como consultor internacional para la resolución de conflictos.
lunes, 5 de noviembre de 2007
¿Tenemos que combatir la tiranía con los instrumentos de los tiranos?
Despuès de una larga investigación acerca de los secuestros y vuelos secretos de la CIA en Europa, Dick Marty ha dejado establecido que, lejos de ser casos aislados, estos se han convertido en una práctica corriente. El presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos del Consejo de Europa ha llegado en definitiva a la conclusión de que se trata de un sistema organizado con pleno conocimiento, si no con la complicidad, de los Estados europeos.
«Cuando, en noviembre de 2005, el diario The Washington Post reveló que agentes de la Central Intelligence Agency (CIA) habían secuestrado a presuntos terroristas musulmanes y los habían internado en centros secretos ilegales, yo estaba lejos de imaginar lo que me sucedería durante los siguientes meses. Aquel mismo día, la ONG americana Human Rights Watch publicaba un informe que ofrecía una información similar y precisaba, además, que los centros de detención se encontraban en Polonia, Rumania y en otros países de Europa oriental. [Esos datos provenían de] fuentes situadas, según supimos posteriormente, en los propios círculos de la CIA.
Paralelamente, la cadena radial ABC publicaba en su sitio de Internet una información análoga. Esta (información) estuvo en línea solamente media hora ya que el propietario de esa radio intervino para prohibir su difusión. En cuanto supo de la prohibición, el periodista se apresuró a avisarle a sus amigos para grabaran la noticia antes de que desapareciera, para la posteridad.
Las revelaciones del Washington Post y de la ONG Human Rights Watch no eran realmente una novedad. El periodista Stephen Grey, por citar sólo un ejemplo, ya había publicado artículos que hablaban de las «restituciones extraordinarias» y de «deslocalización de la tortura» pero, en aquel momento, la opinión pública no tomó verdaderamente conciencia del asunto.
Con esto estoy diciendo que, es cierto, hubo una prensa que habló de los secuestros de la CIA y de sus prisiones secretas, pero al mismo tiempo se pudo comprobar rápidamente que hubo presiones intensas para hacerla callar. Se descubrió más tarde que hubo una reunión en la Casa Blanca con los jefes de redacción de los principales periódicos americanos, [reunión] que tuvo probablemente como objetivo indicarles hasta qué punto hubiese resultado inoportuno difundir informaciones sobre la lucha contra el terrorismo.
Desde el momento en que se conocieron estos indicios sobre la existencia de prisiones secretas en Europa, el Consejo de Europa reaccionó inmediatamente: la Asamblea parlamentaria ordenó un informe sobre esos secuestros, cuya existencia, de comprobarse, era evidentemente contraria a la Convención Europea de Derechos Humanos.
Quiero recordar que no hay otra organización intergubernamental que tenga una dimensión parlamentaria tan acentuada y fuerte como el Consejo de Europa. La Asamblea parlamentaria se compone de delegaciones de los diferentes parlamentos de los 46 países miembros. Esas delegaciones representan a los parlamentos nacionales, a los diferentes partidos, tienen que representar a los dos sexos y, de forma proporcional, a todas las minorías de sus países; por ejemplo, Suiza tiene 6 diputados y 6 sustitutos, o sea 12 diputados del Consejo Nacional y del Consejo de Estados están activos en ese recinto.
Quiso el azar que, dos días después de las revelaciones del Washington Post y de la ONG Human Rights Watch, la Comisión de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Asamblea parlamentaria se reuniera en París para, precisamente, elegir a su nuevo presidente. Me propusieron a mí y fue así que me encontré a la cabeza de la Comisión.
Lo primero que tuve que enfrentar fue el asunto de los secuestros y las prisiones secretas. Me di cuenta de lo que aquello podía representar varias semanas después, cuando, el 25 de noviembre de 2005, en Bucarest, la Asamblea parlamentaria tenía que confirmar el mandato que la Comisión me había confiado. La conferencia de prensa que anunciaba mi nominación como relator estuvo a punto de convertirse un motín, debido a la cantidad de periodistas. No fue hasta ese momento que percibí plenamente el carácter explosivo del asunto y que mi trabajo había comenzado verdaderamente.
La prensa me designa habitualmente como «el investigador» del Consejo de Europa. En realidad, yo no era ni soy un verdadero investigador, ya que un investigador tiene la posibilidad de citar personas, de confiscar documentos, de arrestar personas. Poderes que yo tuve durante 15 años, como fiscal, ¡pero de los que carecí cruelmente durante este trabajo! Decidí entonces luchar en el mismo terreno de aquellos de quienes se sospechaba que habían mantenido las prisiones secretas, y tratar así de realizar un trabajo «de inteligencia».
Pero, en ese terreno también me encontraba prácticamente sin medios: tenía a mi disposición el secretariado de la Comisión, pero este estaba totalmente sobrecargado de trabajo. Finalmente pude obtener la ayuda de un joven colaborador escocés de 28 años. Juntos establecimos contactos con periodistas de investigación independientes, con organizaciones no gubernamentales, con profesionales de «la inteligencia» de diferentes países. Y comenzamos a buscar y componer las piezas del rompecabezas.
Por su lado, a principios de 2006, el Parlamento de la Unión Europea también decidió abrir una investigación parlamentaria sobre los vuelos y las prisiones secretas de la CIA en Europa. Como Polonia es miembro de la Unión Europea y Rumania aspira a serlo, el Parlamento quería verificar lo sucedido. Se creó una comisión ad hoc de 46 diputados. Esa comisión, dotada de grandes medios –13 personas del secretariado trabajaban únicamente en este asunto–, se reunía todas las semanas y realizaba esencialmente audiencias. Aunque las audiencias de esa comisión se desarrollaban a puertas cerradas, no se podía garantizar el menor secreto. Mientras que yo, al trabajar solo, tenía la posibilidad de garantizar la confidencialidad de las fuentes. Así que teníamos una metodología y un enfoque completamente diferentes.
Presenté el primer informe en enero de 2006 y el informe principal a principios de junio de 2006. Pude obtener una ayuda importante del ministerio público de Milán. Yo conocía personalmente a los magistrados que estaban investigando la desaparición de Abu Omar, un ex imam de la mezquita de Milán, de origen egipcio, que había obtenido el asilo político en Italia hacia varios años. Aquellos magistrados lograron probar que Abu Omar había sido secuestrado en febrero de 2003 por agentes de los servicios secretos americanos que lo habían transportado en una camioneta hasta la base italiana de la OTAN de Aviano. Y de Aviano lo llevaron a Ramstein, sobrevolando Suiza. Luego, de Ramstein, fue llevado al Cairo, donde fue entregado a las autoridades egipcias que lo torturaron.
Quiero subrayar aquí la importancia de la independencia de la justicia. El ministerio público milanés actuó a pesar de la hostilidad manifiesta del gobierno de Berlusconi, que hizo todo lo posible por sabotear aquella investigación. Fue gracias al excelente trabajo de los magistrados y de ciertos servicios de la policía milanesa –hicieron una investigación absolutamente notable– que 25 agentes de la CIA implicados en el rapto del imam fueron identificados y que la fiscalía de Milán pudo emitir una orden internacional de arresto contra 22 de ellos.
Los magistrados milaneses pusieron a mi disposición todas las actas de la investigación. Las examiné durante una semana. Y tuve entonces la convicción moral de que estaba ante la pista correcta, de que estábamos ante un sistema, ante una lógica sofisticada, que era imposible que todo aquello pudiera suceder sin la colaboración, a uno u otro nivel, de las autoridades locales y que el Pentágono y la CIA no podían ser los únicos servicios implicados en esas «restituciones extraordinarias».
¿Qué significa el término «restituciones extraordinarias» utilizado oficialmente por la CIA?
En la práctica eso consiste en secuestrar a personas sospechosas de tener un vínculo con el terrorismo, sin que esa acusación haya podido ser verificada por la autoridad judicial, y en entregarlas a las autoridades de sus países de origen, donde son sometidas a interrogatorios brutales.
El objetivo de esas «restituciones» secretas es conseguir información mediante actos de tortura y obtener, mediante la presión de amenazas, que colaboren con los servicios secretos y que actúen prácticamente como agentes infiltrados. Fue en base a ese concepto de «restituciones» que los agentes de la CIA secuestraron probablemente a más de 100 personas. Hasta ahora no tenemos datos precisos.
Cuando la opinión supo de ese sistema de «restituciones extraordinarias», ello dio lugar a duros debates en Estados Unidos. Se trató entonces de justificar jurídicamente esas «restituciones extraordinarias». El jurista que elaboró la teoría de ese sistema es el actual ministro de Justicia, Roberto Gonzales(ya no es más hoy en día, sustituído ndlr) [1], quien, en el sistema americano, es a la vez el fiscal general de Estados Unidos.
Esas «restituciones», cosa que me había parecido clara desde el principio, suponían una logística, y por tanto la existencia de centros de detención intermedios. Se supo después que muchas de las personas secuestradas que no habían sido entregadas a sus países de origen fueron internadas en prisiones secretas, ya sea en Bagram (Afganistán), en Abu Ghraib (Bagdad), o en Guantánamo.
El 5 de diciembre de 2005, la señora Rice, mientras justificaba las «restituciones extraordinarias y la existencia de Guantánamo», nos dio un importante indicio cuando declaró que «Estados Unidos no había violado la soberanía de los Estados europeos». Yo pienso que la señora Rice estaba diciendo, por una vez, la verdad. Al decir eso estaba revelando que lo descubierto en diferentes países europeos sobre las prisiones secretas se había hecho con la colaboración de los servicios del Estado interesado [2]; por consiguiente, no hubo violación de la soberanía por parte de Estados Unidos. Al expresarse así, la señora Rice les quiso decir a los europeos que estaban criticando a Estados Unidos: «no se pasen de listos que ustedes mismos utilizaron en el pasado el sistema de las «restituciones».
La señora Rice se refería así al caso del terrorista Carlos [3], secuestrado en Sudán por los servicios secretos franceses. Pero la gran diferencia con ese caso, [diferencia] que ella ignoró, es que Carlos fue entregado a la justicia francesa [4], que tuvo un juicio justo y que pudo incluso recurrir a la Corte Europea de los Derechos Humanos de Estrasburgo [5]. Por lo tanto, existe aquí una diferencia fundamental. Ese tipo de «restituciones» se puede defender cuando las personas buscadas están en países que no colaboran con la justicia o que no disponen de medios para arrestar y entregar las personas buscadas y cuando su objetivo es entregar las personas así secuestradas a los órganos de la justicia ordinaria.
En lo tocante a nuestras investigaciones, fue sobre todo en Polonia y en Rumania que confrontamos grandes dificultades. La gente con quien nos reunimos en esos países estaba absolutamente aterrorizada con la idea de que, si hablaban, sus declaraciones pudieran comprometer a sus países. En Rumania sobre todo, donde se convirtió en una cuestión de interés nacional el no decir nada que pudiera poner en peligro su pedido de admisión en la UE.
El papel de países como Suiza en la colaboración con los secuestros de la CIA resultó marginal, aunque ello no deja de plantear importantes interrogantes. Incluso países como Suecia están implicados, lo cual resulta muy inquietante. La policía sueca entregó espontáneamente a los agentes de la CIA dos egipcios que habían obtenido asilo. Hay testimonios de la policía que demuestran que los agentes de la CIA inflingieron malos tratos a esos egipcios, desde el aeropuerto mismo. Luego de su transporte al Cairo, sufrieron enseguida las mismas torturas que el imam Abu Omar. La Comisión de la ONU contra la Tortura condenó a Suecia por ese caso.
Otros países, como Bosnia, también entregaron personas espontáneamente. Cuando interrogamos a las autoridades bosnias, estas admitieron esos hechos y los deploraron.
Canadá también colaboró activamente con la CIA en esos secuestros ilegales. Ese país acaba incluso de pagar una indemnización de 10 millones de dólares a una persona de origen canadiense que estuvo detenida durante varios años en Guantánamo cuando en realidad no había absolutamente nada que reprocharle.
En Estados Unidos, las personas puestas en libertad no han recibido ninguna excusa ni indemnización. Actualmente hay 5 abogados que trabajan juntos en Estados Unidos y que están encargados de la defensa de los intereses de esas personas secuestradas. Esto dará lugar a toda una serie de acciones judiciales contra el gobierno de Estados Unidos.
Esta perspectiva de los hechos incita a varias reflexiones.
La administración de Estados Unidos ha tomado decisiones basadas en las siguientes consideraciones: el terrorismo constituye una amenaza tan grave que nuestro país tiene que considerarse en guerra. Nuestro sistema judicial resulta completamente incompatible con esta guerra. Así que, adiós a la justicia, bienvenidos sean Guantánamo, las prisiones secretas, se acabaron los juicios y todo eso. Necesitamos obtener información a toda costa.
Pero cuando se habla de «guerra», hay que hablar necesariamente del derecho de la guerra. Cuando se habla del derecho de guerra, hay que mencionar la Convención de Ginebra. Y cuando se habla de la Convención de Ginebra, eso quiere decir que hay que comunicar los nombres de todos los prisioneros al Comité Internacional de la Cruz Roja y autorizar las visitas de sus delegados.
Pero Estados Unidos también estimó que la Convención de Ginebra no es un instrumento adecuado cuando se trata de enfrentar el terrorismo. Y escogió una tercera vía, la de la arbitrariedad –no la de la justicia, no la del derecho internacional–, una vía que ni siquiera es aplicable en el territorio de Estados Unidos y que no es válida para utilizarla contra los ciudadanos americanos. Así que se estableció una especie de sistema de apartheid jurídico. Por supuesto, se trata de un modelo que no tiene absolutamente nada que ver con nuestra sensibilidad ni con nuestra tradición jurídica. Y sin embargo, los Estados europeos han aceptado implícitamente ese sistema.
Lentamente, los hechos nos están dando la razón. La mayoría de los gobiernos europeos, a uno u otro nivel, colaboraron activamente con Estados Unidos en la instauración de esa doctrina de las «restituciones extraordinarias», con su puesta en ejecución y con todo lo que ello implicaba. O lo toleraron, o lo sabían y no protestaron. Sí, hubo algunas protestas más o menos corteses sobre el tema de Guantánamo. Pero en lo tocante a lo demás –«restituciones extraordinarias», detenciones secretas y uso de la tortura– fingieron no saber nada.
Cuando tuve conocimiento [del contenido] de las actas de la investigación italiana, me puse en contacto con mi ex colega Armando Spataro, el fiscal adjunto de Milán encargado de la investigación sobre el rapto de Abu Omar. Le expresé mi convicción: no era posible que todo eso hubiera podido suceder sin la participación ya sea de la policía, ya sea de los servicios de inteligencia italianos. Y esa era su opinión.
En el mismo momento, en Bruselas, ante la Comisión investigadora del Parlamento Europeo, el jefe de los servicios secretos militares italianos, el señor Nicola Pollari, hacía una declaración en la que desmentía toda implicación en el caso, donde decía que nunca había sabido nada y que no había colaborado en lo absoluto con ese tipo de actividades.
Es importante que se sepa que hoy en día el señor Pollari ha sido depuesto por el nuevo gobierno y que comparece ante el tribunal de Milán porque se ha probado que los servicios secretos italianos, que él dirigía, colaboraron estrechamente con los agentes de la CIA en el secuestro de Abu Omar. Se trata de hechos ahora demostrados: la primera persona que se acercó a Abu Omar, identificándose como «policía» y exigiéndole «sus documentos», fue un agente del servicio de inteligencia italiano, el cual confesó. Segundos más tarde, metían a Omar en una camioneta y lo entregaban a los agentes americanos.
Se ha podido comprobar, en otros países también, hasta qué punto la colaboración con las acciones de los servicios secretos americanos tuvo un carácter activo. Lo que me impresionó durante esta investigación –quizás yo era y sigo siendo aún demasiado ingenuo– es hasta qué punto los gobiernos europeos mintieron y siguen mintiendo, activamente o por omisión. Están mintiendo, o, en todo caso, se niegan a decir la verdad, y dándose muy buena conciencia, [diciéndose a sí mismos que lo hacen] por el interés superior del Estado; que hay un secreto de Estado y que, por tanto, se puede, se debe mentir.
Ayer fue la Fiscalía de Munich la que emitió 13 órdenes de arresto contra agentes secretos de Estados Unidos acusados de haber secuestrado a Khaled El-Masri, ciudadano alemán de origen libanés.
Yo me reuní con Khaled El-Masri cuando nadie le creía en Alemania. Fue secuestrado en Macedonia y trasladado a Kabul, donde fue sometido a actos de tortura durante varios meses. Después lo llevaron de nuevo a Europa, lo liberaron en algún lugar de Albania y, finalmente, al cabo de una lucha encarnizada, se logró demostrar que Khaled El-Masri había dicho la verdad, que fue realmente secuestrado por los agentes de la CIA, muy probablemente con la colaboración de agentes alemanes.
Cuando me reuní con el fiscal alemán, le entregué la información que habíamos recogido en Macedonia. Ayer, en un comunicado, la Fiscalía de Munich indicó que había logrado seguir la pista de los 13 agentes de la CIA, gracias a la cooperación y la información recogida por la policía española, por la Fiscalía de Milán y por mí mismo, el relator del Consejo de Europa.
Si digo esto no es por elogiarme a mí mismo sino simplemente para demostrar que, si una persona –trabajando con un solo colaborador– pudo llegar a este resultado, hubiésemos podido llegar infinitamente más lejos en la búsqueda de la verdad de haber existido la menor voluntad por parte de los gobiernos europeos, incluyendo el suizo.
Mi convicción –aunque no puedo probarlo aún– es que los gobiernos europeos han firmado acuerdos secretos con Estados Unidos, posiblemente como consecuencia de la gran conmoción que provocaran los acontecimientos del 11 de septiembre [6]. Eso explicaría, aunque sin ser ello una excusa, su silencio.
Suiza no escapa a la crítica. Los aviones pertenecientes a la administración de Estados Unidos gozan de un permiso anual de vuelo. Esos aviones de la CIA vuelan por toda Europa. La mayoría de esos vuelos sirven para transportar el material logístico de la CIA, que tiene numerosas oficinas casi en todas partes. La Confederación renovó ese permiso de vuelo aún sabiendo que aviones de la CIA muy posiblemente habían abusado de esa concesión al transportar a Abu Omar, secuestrado en Milán, a través del espacio aéreo helvético; lo cual constituye un acto criminal que justifica asimismo la competencia de las autoridades penales de nuestro país para buscar y castigar a los culpables.
Cuando se le preguntó al Consejo Federal la cantidad de vuelos y aterrizajes de los aviones de la CIA en Suiza, se nos respondió que habían sido 3 vuelos. Una hora después de esa confesión, Amnesty International mencionaba 4 vuelos. Hoy sabemos que hubo por lo menos 48 vuelos. Eso demuestra que incluso por parte de las autoridades suizas hubo falta de voluntad de tratar de buscar la verdad. ¡Nos habría gustado que, en lo tocante a la cantidad de vuelos, el Consejo Federal hubiese sido más preciso en sus respuestas!
Como acabo de señalar, el sobrevuelo por parte de aviones que transportan personas secuestradas es un crimen que cae dentro de la jurisdicción de la autoridad penal suiza. Tuvo que pasar muchísimo tiempo antes de que la fiscalía de la Confederación se decidiera a abrir una investigación, a pesar de que el expediente de los magistrados italianos probaba de manera irrebatible que el avión que había sobrevolado Suiza transportaba a Abu Omar. Cuando se le preguntó a la Oficina Federal de la Aviación Civil: «¿Tal o mas cual avión sobrevoló Suiza el 13 de febrero de 2003 ?», enseguida se nos respondió: «Sí, señor, dos veces; por la mañana, proveniente de Ramstein y con destino a Aviano, y por la tarde desde Aviano y con destino a Ramstein». Eran el mismo destino y los mismos horarios que en el expediente de la policía italiana.
Pensamos, por consiguiente, que es casi seguro que hubo acuerdos secretos, pero que hubo además una política, intereses que prevalecían por sobre los valores y los principios políticos. Yo estoy plenamente conciente de que el papel del gobierno es preservar los intereses del país, de que puede haber situaciones de conflicto. Sin embargo, yo habría preferido, en lo personal, que en vez de mentir nos hubiesen dicho francamente: tenemos tantos intereses en juego con Estados Unidos que no podemos enemistarnos con ellos.
Todo eso demuestra que ha habido, por parte de las autoridades suizas, una falta de voluntad política de buscar la verdad. Hoy tengo la íntima convicción, lo repito, de que ha habido acuerdos secretos, formales o informales, entre Estados Unidos y Suiza, al igual que con otros países europeos. Y si eso hubiera sucedido solamente a nivel de los servicios de inteligencia, sería más inquietante aún.
En estos últimos días hemos sabido por la prensa que la fiscalía de la Confederación, directamente o a través de la policía, ha realizado actos de investigación en Guantánamo. Las autoridades suizas han transmitido por tanto a las autoridades de Estados Unidos listados de nombres y fotos de musulmanes detenidos en Suiza para obtener informaciones sobre ellos entre los detenidos de Guantánamo. Lo cual equivale a aceptar que sí se puede arrancar información mediante la tortura. Yo considero que eso es simplemente escandaloso. Ya que, por un lado, nuestra ministro de Relaciones Exteriores, la señora Calmy-Rey, le dice amablemente a la señora Condoleezza Rice que la prisión de Guantánamo no es aceptable, que habría que cerrarla, que es una violación del orden jurídico internacional; y por el otro lado, nuestras autoridades federales legitiman ese tipo de estructuras y las torturas que estas implican mediante la realización de actos de investigación en Guantánamo, sabiendo perfectamente que las posibles pruebas obtenidas mediante el uso de la tortura o en prisiones secretas no pueden ser aceptadas por ningún tribunal en Europa.
Durante todo este período de la investigación me sentí a menudo muy solo. Pero, ironía del destino, hoy puedo agradecerle al presidente Bush el haberme prestado indirectamente un importante apoyo cuando, el 6 de septiembre de 2006, reconoció por fin la existencia de las prisiones secretas. A partir de ese momento, mi informe sobre los secuestros y los vuelos de la CIA adquirió singular importancia.
Otro elemento alentador y positivo es lo que acaba de suceder en Alemania, donde los 13 agentes del servicio de espionaje americano que secuestraron a Khaled El-Masri están siendo acusados. Hay que agregar a esto el juicio de Milán así como los pasos de la justicia española que está reclamando acceso a todos los documentos de los servicios secretos españoles sobre los aviones de la CIA. En suma, creo que una dinámica de la verdad se ha puesto en marcha. También me sorprendió agradablemente la calidad de ciertas ONGs en Estados Unidos así como el dinamismo que han manifestado ciertos círculos de la sociedad civil. Si algunos hechos han salido finalmente a flote es en parte gracias a esas ONGs americanas.
Resulta de importancia primordial tener una prensa independiente. Ya se ha visto hasta qué punto la prensa está al servicio del poder. Hay un ejemplo más claro aún: el del acondicionamiento de la opinión, a través de la prensa, a favor de la guerra en Irak. No puede haber verdadera democracia sin una prensa verdaderamente independiente, tanto del poder político como del poder económico.
Un elemento totalmente fundamental es la independencia de la justicia. Y cuando digo justicia estoy pensando también y sobre todo en la fiscalía. Si, en este caso, Italia pudo encontrar la verdad fue gracias a la independencia del fiscal que pudo actuar a pesar de la hostilidad del poder político. Según el sistema italiano, la fiscalía esta considerada como una autoridad judicial en todos los sentidos y los policías que trabajan con la fiscalía gozan de la misma independencia.
Insisto en ese punto porque en Suiza al actual jefe del departamento de justicia y de policía le gustaría tener bajo su exclusiva vigilancia a la fiscalía de la Confederación. Eso está pasando en medio de la total apatía de la clase política, que da la impresión de no estar interesada en los problemas de la justicia. Todo eso me parece muy peligroso y creo que debiera haber una reacción.
¿La lucha contra el terrorismo justifica estos medios?
Todos los días veo gente que dice: «Ah, el terrorismo es tan peligroso. Tenemos que aceptar la tortura porque puede salvar vidas». Ese tipo de razonamiento me parece falso y extremadamente peligroso [7].
Es cierto que los terroristas son peligrosos ya que su objetivo es destruir, por cualquier vía, nuestro sistema de democracia y de valores occidentales. Así y todo, resulta chocante que, para combatir a los terroristas, nosotros mismos renunciemos a instituciones fundamentales de nuestro sistema democrático, que renunciemos a ese principio esencial que son los derechos humanos y la garantía de juicios justos, [que renunciemos] al sistema judicial. Al hacerlo estamos legitimando indirectamente a toda esa gente que, ante esas violaciones, viven hoy convencidos de que están combatiendo un sistema que es brutal, que es ilegal, que utiliza la tortura. Y, lo más importante es que esos actos ilegales pueden crear un movimiento de simpatía hacia los autores de actos de terrorismo.
Cuando yo colaboré con el gran jefe del antiterrorismo italiano, el general Carlo Alberto dalla Chiesa, este me dijo: los terroristas son locos furiosos, pero no son tantos. Se hacen verdaderamente peligrosos cuando hay alrededor de ellos una corriente de simpatía. Eso los estimula, los motiva, los carga de energía. He ilustró sus palabras con la siguiente imagen: la simpatía es para el terrorismo como el oxígeno para el fuego. Estoy convencido de que esa es la verdad.
Lo que también me chocó durante mi trabajo fue comprobar que hay una ausencia total de estrategia en el marco de esta guerra contra el terrorismo.
Estados Unidos dijo: Ni justicia, ni Convención de Ginebra. Le damos total libertad de acción a los servicios secretos y al Pentágono.
Nunca hubo debate, entre Estados Unidos y Europa, sobre la manera de conducir la lucha contra el terrorismo. Pero tampoco hubo nunca, en el interior de Europa, un verdadero debate sobre la estrategia a seguir.
Además, que yo sepa, no existe una definición jurídica internacional sobre el terrorismo. Hay convenciones que hablan del terrorismo, pero no hay una verdadera definición del terrorismo.
Pienso que posiblemente habría que modificar, adaptar ciertos mecanismos del sistema actual en materia de procesamiento policial y judicial. Pero yo afirmo que la democracia y el aparato judicial cuentan con los medios para enfrentar la amenaza que representa el terrorismo. Yo creo que hay otras amenazas que son tan peligrosas como el terrorismo. Me refiero a la corrupción, por no poner más que un ejemplo, que es un mal que está causando inmensos desastres a través del planeta. Por lo demás, un verdadero instrumento de lucha contra el terrorismo está al nivel político.
Estoy completamente convencido que mientras no resolvamos el problema de la Palestina, mientras que no ofrezcamos una solución política y una esperanza de vida en la dignidad a cientos de miles de palestinos, que han nacido, que han crecido, que han visto a sus padres morir presos al interior de campos de refugiados, -y que han perdido toda esperanza-, continuará desgraciadamente habiendo personas que están dispuestas a hacerse explotar con una bomba, como lo hemos podido apreciar últimamente con esa abuela en Gaza.
Y ¿cómo no queremos tener terroristas cuando hay guerras basadas en mentiras? Lo que me inquieta, en el fondo, y lo que me chocado profundamente en toda esta historia es la indiferencia, es la indiferencia. ¿Cuántas personas me han dicho?: ¿Por qué haces todo eso? ¡Son terroristas! Los americanos tienen razón. Y después agregaban: «Sólo son musulmanes».
¡Qué aberración! Pienso que estamos cometiendo un error histórico al criminalizar el Islam. Estamos empujando todo un sector del Islam hacia el extremismo; un error que, según temo, va a costarnos muy caro.
«¿Hay que combatir la tiranía con los instrumentos de los tiranos?» Ese es el título que he querido dar a esta conferencia y será además mi conclusión. La frase no es mía. Es una frase que leí en un juicio de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre un caso de terrorismo, en boca de la jueza Sandra Day O’Connor: «Si nuestro país quiere seguir siendo fiel a los valores que simboliza nuestra bandera, no podemos combatir la tiranía con los instrumentos del tirano».
Silvia CattoriPeriodista suiza.Los artículos de esta autora o autor Dick MartyDoctor en Derecho, Dick Marty es miembro del Consejo de los Estados de la Confederación Helvética, miembro de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, preside la Comisión de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos. Esta comisión le encargó la elaboración de un informe sobre las alegaciones ligadas a la existencia de prisiones secretas de la CIA en Europa
El texto de este artículo de VOLTAIRENET, es una transcripción de Silvia Cattori a partir de una conferencia ofrecida el 1º de febrero de 2007 en la universidad de Neuchatel y publicada con la amable autorización del autor.
Guerra contra el terrorismoEl Pentágono listo para intervenir junto al ejército turco
El Pentágono listo para intervenir junto al ejército turco El Pentágono ha planificado una operación conjunto de sus fuerzas especiales y de sus homólogas turcas contra los separatistas del PKK en territorio iraquí. Los objetivos del ataque serían mucho más amplios que los anunciados: fortalecer el poder militar turco ante los demócratas musulmanes del AKP y eliminar a los dirigentes kurdos iraquíes que rechazan el saqueo de su petróleo por parte de los anglosajones. Ante la amenaza, los kurdos iraquíes se comprometieron ayer a poner fin a las actividades del PKK en su región y adoptaron una ley regional sobre el petróleo.
La conjunción de asuntos petroleros y religiosos en Irak y Turquía pone en ebullición a la clase dirigente en Washington. El Hudson Institute exhorta a una nueva operación militar mientras que el Washington Post trata de obtener su cancelación.
Para entender este enredo, que puede explotar en cualquier momento, examinemos primero lo que está en juego:
Contradicciones políticas
La coalición anglosajona no logra que el parlamento iraquí adopte su ley sobre el petróleo y los diputados se han ido de vacaciones sin votarla. Pero esa ley es el principal objetivo de la invasión de Irak y de su ocupación, que han costado ya cerca de un millón de vidas. La ley legalizaría los leoninos contratos preparados por un cártel de multinacionales del que forman parte BP, Shell, ExxonMobil, Chevron y, en menos medida, Total y Eni. Se autorizaría así el vaciado total de las reservas de petroleras de Irak en los próximos años [1].
Los kurdos iraquíes son el principal obstáculo político que enfrentan los anglosajones. En efecto, estos ligaron su suerte a los anglosajones con la esperanza de que estos últimos los ayudaran a crear un Kurdistán independiente que posiblemente incluyera regiones de Turquía, Irán y Siria. Manteniendo la ambigüedad, los anglosajones recurrieron a los peshmergas (los combatientes kurdos) para la toma de la ciudad de Kirkuk, durante la invasión de Irak (2003). Los kurdos iraquíes piden por tanto que Kirkuk –su capital histórica– sea vinculada a los distritos autónomos que actualmente administran. Esperan disponer así del 40% de las reservas petrolíferas de Irak y financiar su futuro Estado. Pero resulta evidente que la coalición no tiene intenciones de permitir eso.
Mientras tanto, del otro lado de la frontera occidental, en Turquía, se enfrentan los kemalistas y los demócrata-musulmanes. En ocasión del proceso de elección del presidente de la República por el parlamento, los kemalistas laicos acusaron a los demócrata-musulmanes de hacerse los corderos cuando en realidad querían imponer un Estado confesional islamista. Ningún aspecto de la actitud del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, ni la del ministro de Relaciones Exteriores y candidato a la presidencia, Abdullah Gul, confirma esa acusación que parece ser únicamente resultado de la fantasía, a no ser que se trate realmente de una acusación basada en sus intenciones. Pero, en Washington, esta polémica no dejó de llamar la atención de los partidarios del choque de civilizaciones que mantienen vínculos personales con Ankara [2]. Estos últimos, que no le han perdonado a Turquía el haberse negado a abrir su espacio aéreo a las fuerzas de la coalición para invadir Irak, ni las relaciones que mantienen con el gobierno palestino de Hamas, tratan de arrastrar a Turquía en la realización de una operación militar conjunta. Poco importa cuál sea, con tal de fortalecer los vínculos entre Washington y Ankara.
La alianza entre Turquía y Estados Unidos tiene, en efecto, una importancia esencial para Washington. En caso de distensión de esos lazos, Washington perdería no sólo el control de los estrechos que vinculan el Mar del Norte con el Mediterráneo sino también una pieza clave en el Medio Oriente, además de ser el principal oleoducto para la explotación del petróleo del Mar Caspio. Sin embargo, diferentes estudios de opinión han mostrado que un resentimiento «antiamericano» se está desarrollando entre los turcos debido a la carnicería en Irak, pero sobre todo por causa del apoyo pasivo de Estados Unidos a los separatistas kurdos del PKK.
Es por eso que una operación militar conjunta de Estados Unidos y Turquía contra las bases del PKK en el Kurdistán iraquí permitiría responder a la expectativa de la población turca, satisfacer al Estado Mayor turco, anclar a los demócrata-musulmanes turcos del lado de la OTAN y, de paso, eliminar más o menos discretamente a los dirigentes kurdos iraquíes que se oponen a la ley sobre el petróleo.
Agitación en Washington
La administración Bush empezó a montar su operación en agosto de 2006. El Pentágono designó a Joseph Ralston para coordinar las futuras operaciones contra el PKK. Al general Ralston debía haber sido nombrado jefe del Estado Mayor conjunto de Estados Unidos en el 2000, pero se le escapó el puesto por causa de una relación de adulterio en la que incurrió 13 años antes. Como premio de consolación fue nombrado comandante de la OTAN hasta el año 2003. Al principio, su acción contra el PKK se resumió sobre todo a pactar la venta de 30 aviones F16 al ejército turco en 3 000 millones de dólares y en negociar además un pedido del futuro F35 en 10 000 millones de dólares, contratos que le reportaron ingresos personales en su calidad de administrador del fabricante de aviones Lockheed-Martin.
Después, en noviembre de 2006, sin tener en cuenta la tregua surgida ya entonces, la administración Bush envió una delegación de los departamentos de Estado, de Justicia y del Tesoro en un periplo por las capitales europeas. El responsable de la delegación estadounidense era Frank Urbancic, coordinador adjunto para la lucha antiterrorista en el Departamento de Estado y ex cónsul general en Estambul. Aquellos emisarios sugirieron a los europeos la adopción de medidas bancarias y policiales ad hoc para impedir que la diáspora kurda financiara al PKK. También negociaron con los funcionarios del gobierno danés el cierre de Roj TV, la televisión por satélite del PKK.
En aquel mismo momento, Matthew Bryza, el hombre que supervisa la construcción de los oleoductos en Asia por cuenta del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, tomó el control de las negociaciones para la incorporación de Turquía a la Unión Europea. No se trataba en lo más mínimo de forzarle la mano a Bruselas sino, por el contrario, de apaciguar a los turcos y de dejar que las discusiones se prolongaran indefinidamente. Esforzándose por ganarse la simpatía de los generales kemalistas, Matt Bryza intervino ante el Congreso, en su condición de consejero de la secretaria de Estado Condoleezza Rice para los asuntos europeos y euroasiáticos, para bloquear el proyecto de ley demócrata favorable al reconocimiento del genocidio contra los armenios. Después hizo varias declaraciones en apoyo al rechazo, por parte del Estado Mayor, del cese del fuego unilateral que proclamara el PKK desde el invierno.
Simultáneamente, una especialista en cuestiones turcas, Zeyno Baran, recibió sin la menor discreción al jefe adjunto del Estado Mayor turco, el general Ergin Saygun, en la sede del Hudson Institute. La misma especialista publicó después, en Newsweek, un provocador artículo titulado «¿El próximo golpe de Estado?». Aseguraba en el artículo que las negociaciones para la entrada a la Unión Europea tenían una repercusión nefasta sobre Turquía. En efecto, al exigir que el ejército turco se sometiera completamente al poder civil, Bruselas estaba abriendo el acceso de los islamistas al poder por la vía de las urnas. Un golpe de Estado sería entonces la única solución para preservar la «democracia» ante la sharia [3].
Mientras que el artículo provocaba gran conmoción en Ankara, donde temían que Estados Unidos derrocara nuevamente el régimen, el embajador Matthew Bryza emitía un desmentido tras otro. Subrayó que el Departamento de Estado sentía el mayor respeto por el gobierno de Erdogan y que nunca, pero nunca, le había pasado por la mente la posibilidad de recurrir a la fuerza. Desmentidos que acabaron convenciendo a Ankara, pero que en Washington parecían una simple distracción a aquellos que saben que Zeyno Baran es la amante del embajador Matthew Bryza.
Washington guardó discreción por varios meses, durante la controvertida elección presidencial y la campaña con vistas a las elecciones legislativas. Pero el 13 de junio de 2007, Zeyno Baran convocó a una reunión secreta en el Hudson Institute, en Washington, en la calle 15, a dos cuadras de la Casa Blanca. Entre los presentes estaban el agregado militar de la embajada de Turquía, general Bertan Logarlaroglu; el director del Centro de Estudios Estratégicos del Estado Mayor (SAREM), general Suha Tanyeri; y Kubat Talabani, hijo del presidente iraquí Jalal Talabani.
Los invitados estudiaron un guión de política-ficción: la presidenta de la Corte Suprema, Tulay Tugcu, es asesinada; después, un atentado deja 50 muertos en Estambul. Un comunicado del PKK reclama la autoría de ambas acciones y, en represalia, 50 000 soldados turcos traspasan la frontera en el norte de Irak para atacar las bases de retaguardia de los separatistas kurdos. Los comandos turcos secuestran a los jefes militares del PKK, Murat Karavilan y Cernil Bayik, y los llevan a Turquía donde serán juzgados.
Luego que una filtración de información revelara la realización de esa reunión, antes de las elecciones legislativas, la presidenta de la Corte Suprema exigió excusas, y las obtuvo; el presidente del parlamento, Bulent Arinc, exigió vanamente explicaciones por parte del Estado Mayor; y el primer ministro, Tayyip Recip Erdogan, calificó de «demente» el escenario del Hudson Institute.
El 18 de junio de 2007, es el Nixon Center el que organiza un debate público sobre la política turca. Richard Perle, el papa de los neoconservadores, explicó allí, con una sonrisa golosa, que aunque los demócrata-musulmanes no representen realmente un peligro islamista, lo más sensato para Estados Unidos sería fingir lo contrario y velar así por el mantenimiento del poder de los militares, que pueden servir después de instrumento para intervenir si hace falta en la vida política interna. Desde ese punto de vista, prosigue Perle, la integración de Turquía a la Unión Europea, que debería representar el fin del poder militar, no sería conveniente en este momento.
Las elecciones legislativas del 22 de julio de 2007 arrojaron una amplia mayoría para los demócrata-musulmanes: el partido Justicia y Desarrollo (AKP) obtiene el 46% de los votos y 341 de los 550 escaños. Al día siguiente, los principales tanques pensantes estadounidenses interesados en la política turca se preguntaban si sería o no necesario derrocar el poder civil en Ankara.
El 24 de julio, Zeyno Baran reúne de nuevo a su grupo de trabajo en el Hudson Institute, y el embajador Matthew Bryza interviene el 26 de julio ante el muy sionista Washington Institute for Near East Policy (WINEP). Un consenso se formó entonces a partir de diferentes análisis: Estados Unidos tiene que fortalecer la posición de los militares frente a los demócrata-musulmanes. Para lograrlo, hay que organizar una operación conjunta contra el PKK, operación que debe conducir a una victoria militar pero no a una solución política definitiva.
Un proyecto de intervención conjunta de las fuerzas especiales de ambos países es elaborada entonces por el Pentágono y presentada, a puertas cerradas, a los principales miembros de la Comisión de las fuerzas armadas del Congreso. Pero algunos congresistas contrarios a esta nueva aventura organizan una filtración, que toma la forma de un editorial de Robert Novak en el Washington Post [4].
Los medios de presión de Washington
Durante la guerra fría, Estados Unidos controló estrechamente la vida política turca para que este país, miembro de la OTAN, no cayese bajo la influencia soviética. Para ello, EE.UU. se apoyó en los militares y en la extrema derecha (Los Lobos Grises) y desarrolló una rama local de la red Gladio [5]. Para salvaguardar sus intereses, Washington organizó tres golpes de Estado militares: en 1960, 1971 y 1980. Estados Unidos organizó además la expulsión del presidente de la República Necmettin Erbakan, en 1997, no por que este fuera musulmán sino porque se había pronunciado contre el imperialismo y el sionismo.
Estados Unidos no reaccionó inmediatamente ante la injuria que el parlamento turco le infligió al prohibirle el uso del espacio aéreo nacional en el ataque a Irak. Pero multiplicó sus mensajes amenazadores dirigidos a los demócrata-musulmanes a pesar del deseo de conciliación de personalidades como Abdullah Gul.
El 17 de mayo, un atentado cobra la vida de un juez del Consejo de Estado y deja heridos a otros más. La prensa occidental mostró el hecho como un crimen más del «terrorismo islámico». Sin embargo, para el gobierno civil se trataba de una clara advertencia. El viceprimer ministro Mehmet Ali Sahin no vaciló en declarar públicamente que el atentado había sido organizado realmente por el Gladio reactivado y que existían nuevamente amenazas de golpe de Estado militar [6].
En ese contexto, el escenario que el Hudson Institute había estudiado, y que incluía un atentado contra la presidenta de la Corte Suprema, sólo podía despertar verdadera inquietud en Ankara.
Para enfrentar el separatismo kurdo, Turquía tiene que actuar con mesura: tiene que reprimir al PKK y ofrecer simultáneamente garantías de ciudadanía a sus kurdos. La opinión pública apreciaría una acción contra las bases de retaguardia de los separatistas en Irak, pero de extenderse dicha operación a los kurdos iraquíes, Turquía se convertiría en un Estado antikurdo y transformaría la cuestión separatista en una guerra civil.
Hay que saber que Ankara no tiene quizás la posibilidad de negarse a participar en los planes estadounidenses. Para que las cosas estuvieran claras, el Pentágono acompañó su proposición de operación militar conjunta con Turquía de un telegrama dirigido al ministro de Relaciones Exteriores de Israel. El mensaje propone reparar el oleoducto Kirkuk-Mosul-Haifa, que permite la explotación del petróleo del norte de Irak sin tener que pasar por Turquía [7]. De ser puesta en marcha, esta proposición arruinaría los oleoductos turcos.
Es evidente que la negociación sobre estos temas económicos no corresponde habitualmente al Pentágono sino al Departamento de Estado. Razón por la cual ese telegrama debe ser interpretado como la fusta o el bastón que constituyen la contraparte de la zanahoria.
Los repetidos errores de los dirigentes kurdos
Durante los últimos 50 años, los dirigentes kurdos han cometido numerosos errores políticos. Por largo tiempo persiguieron el espejismo de la constitución de un Estado kurdo independiente. Pero, de ser creado, ese Estado abarcaría territorios iraquíes, turcos, sirios e iraníes en los que se encuentran los yacimientos petrolíferos más grandes de la región. Así dispondría de un desmesurado poder que ninguno de sus vecinos, ni ninguna de las grandes potencias, estaría dispuesto a admitir. A partir de ahí, despertar esperanzas irrealizables resulta una irresponsabilidad.
Aprovechando que el desmembramiento del Imperio Otomano por el Tratado de Sevres, que les promete además un Estado, en 1922 los kurdos proclaman un reino en el norte de Irak, reino que los británicos disolverán dos años después. En 1927, los kurdos forman la República de Ararat, al este de Turquía. Pero los reincorporan a la fuerza a la nueva Turquía de Mustafa Kemal Ataturk.
En 1946, emprenden un nuevo intento, esta vez en territorio iraní y con apoyo de la URSS. Forman la República de Mahabad. Es en ese contexto que Mustafa Barzani crea el Partido Democrático del Kurdistán (PDK). Pero los soviéticos se retiran de Irán, lo cual favorece a los anglosajones, y Teherán reconquista la República.
Durante los años 70, Mustafa Barzani negocia un status autonómico para el Kurdistán iraquí. En 1973, forja una alianza con Israel y planifica una rebelión contra Bagdad para crear un segundo frente durante la «Guerra de Kipur». Pero Kissinger, que teme una generalización de la guerra, anula la operación en el último momento. Dos años después, alentado por Estados Unidos, país al que se alía olvidando el pasado y el Irán del sha, Barzani exige la independencia. Rechaza la mediación soviética y organiza la rebelión contra Bagdad. Pero Estados Unidos cambia de política y patrocina un acuerdo entre Irán e Irak sobre la cuestión del petróleo y sacrificando a los kurdos. Más de 200 000 personas se ven obligadas a tomar el camino del exilio. El propio Barzani huye a Estados Unidos. Allí muere en 1979, dejando la presidencia del partido a su hijo Masud. Al comentar estos hechos ante la Comisión senatorial Pike, que le hace notar la crueldad de sus volteretas políticas, Henry Kissinger declara: «No se debe confundir la acción clandestina con un trabajo de misionario».
Es durante este período que Jalal Talabani crea un partido competidor, la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), con etiqueta de izquierda y lúcido en lo tocante a Estados Unidos. En el momento de la revolución de Khomeiny en Irán, Estados Unidos arma al Irak de Sadam Husein para destruirla. Durante la guerra (1981-88), los kurdos del UPK luchan por Irak, mientras que los del PDK se mantienen indecisos. Sadam Husein reprime todo intento de entendimiento con Irán, desencadenando contra las poblaciones civiles la operación Anfal, de la que serán víctimas cerca de 100 000 personas. Según la leyenda mediática, de la que más tarde se hizo eco el Departamento de Estado, Sadam Husein utiliza gases para eliminar a 5 000 kurdos en Halabja. En realidad, los muertos de Halabja no fueron víctimas de la operación Anfal sino víctimas colaterales de la utilización de gases de combate en el campo de batalla [8]. El objetivo de la mentira era presentar la represión del partido Baas como antikurda, cuando en realidad estaba ciegamente dirigida contra toda la población sospechosa de traición. La propaganda estadounidense buscaba convertir así un conflicto político en conflicto étnico.
Luego de la operación «Tempestad del Desierto», los anglosajones creen una zona de restricción de vuelo en el norte de Irak, donde desarrollan un Estado kurdo de facto dirigido por el PDK y el UPK, en distritos separados. También mantienen una guerrilla en Turquía y, lo más importante, organizan a los emigrados kurdos en Europa Occidental. Ejercen así una presión permanente sobre Ankara, lo cual no desagrada a Washington.
En septiembre de 1998, los anglosajones ponen fin a la ambigua situación que habían mantenido durante 6 años. Obligan al PKK a suspender sus acciones contra Turquía e imponen al PDK y el UPK un acuerdo político, simbólicamente firmado en Washington. Y para garantizar que la situación no se les vaya de las manos, los anglosajones organizan una operación conjunta CIA-Mossad-MIT para secuestrar a Abdullah Ocalan, que estaba refugiado en Kenya, y trasladarlo a Turquía, donde será juzgado y encarcelado.
Cuando los anglosajones invaden Irak, el PDK del clan Barzani decide jugarse la carta de la independencia rápida, mientras que el UPK de Jalal Talabani se inclina por el federalismo. Wajeeh Barzani, hermano de Masud, quien recuerda entonces a su partido que Estados Unidos no ha respetado nunca su propia palabra en lo tocante al Kurdistán, muere el 6 de abril de 2003. Un avión estadounidense bombardea «por error» su convoy, escoltado por las Fuerzas Especiales estadounidenses, matándolo a él y a sus guardaespaldas turcos mientras que la escoltada estadounidense no sufre ni un herido.
El tiempo apremia
La impaciencia reina en Washington, donde a nadie le importan ni los kurdos ni los otros pueblos de la región. A mediados de julio, al hacer el balance de la «liberación» de Irak, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el presidente Bush se quejó de que la ley sobre el petróleo no haya sido adoptada aún [9]. Por su parte, la prensa anglosajona deplora que los diputados iraquíes hayan podido poner fin a la sesión del Parlamento e irse de vacaciones cuando se necesita que estén en su puesto y mientras que los soldados estadounidenses están muriendo por ellos.
Las condiciones están dadas para que el Pentágono aseste un gran golpe. Algunos congresistas demócratas se oponen a ello. Para evitar la catástrofe, ayer, 7 de agosto de 2007, el gobierno regional kurdo iraquí se comprometió por escrito con Ankara a dejar de prestar protección al PKK en su territorio. Simultáneamente, los kurdos iraquíes votaron de forma urgente una ley regional sobre el petróleo que, sin satisfacer a las grandes compañías petroleras occidentales, al menos preserva sus ambiciones.
Thierry MeyssanPeriodista y escritor, presidente de la Red Voltaire con sede en París, Francia. Es el autor de La gran impostura y del Pentagate.Los artículos de esta autora o autor
Fuente: Voltairenet
martes, 23 de octubre de 2007
Enfermedades no diagnosticadas de la guerra tecnológica
lunes, 1 de octubre de 2007
Hay vida después de la guerra
VILLAVICENCIO, Colombia, sep (IPS) - Aunque la historia de Colombia se cuenta por guerras y la última aún no ha terminado, niñas, niños y jóvenes desvinculados del conflicto armado empiezan a tener, al contrario que la familia Buendía, una segunda oportunidad sobre la Tierra.
Casi un centenar de jóvenes de entre ocho y 17 años de edad, que fueron reclutados por los grupos armados ilegales, comienzan a rehacer sus vidas bajo el amparo de familias que los aceptan como sus hijos, con el apoyo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la Unión Europea, la Organización Internacional para las Migraciones y la organización no gubernamental Encuentro, entre otras.
El Programa de Hogares Tutores comenzó en 2003 en la ciudad de Armenia, occidente de Colombia, y luego se impulsó en otras cercanas, como Manizales, capital del departamento de Caldas, Villavicencio, capital del Meta, y Bogotá.
Más de 2.000 jóvenes se han beneficiado de él, según el documento "La infancia, la adolescencia y el ambiente sano en los planes de desarrollo departamentales y municipales", del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Procuraduría General de la Nación.
"Cada ciudad tiene un cupo para 40 jóvenes y seis para bebés, pues a veces las jóvenes llegan embarazadas o se embarazan durante el proceso de reinserción", explica el psicólogo Rodolfo Tovar, coordinador de Hogares Tutores en Villavicencio, distante a dos horas y media de carretera de Bogotá y puerta de entrada a los Llanos Orientales, una extensión de sabanas de 310.000 kilómetros cuadrados.
Aquí se encuentran hoy 27 de casi un centenar de jóvenes desvinculados de la guerra. Más que en cualquier otro lugar, se extreman las medidas para protegerlos.
texto completo clickeando aquí o en el título
viernes, 21 de septiembre de 2007
Las madres de todas las preguntas
(para ver la nota completa clikear en el título)
Las invasiones de Afganistán en 2001, Irak en 2003 y el enfrentamiento que tiene hoy la Casa Blanca con Irán permiten reflexionar nuevamente sobre el rol que desempeñan los medios masivos de difusión en momentos de una guerra. La mayoría de los medios occidentales carece de periodistas que conozcan en profundidad el mundo árabe e islámico, sus tradiciones culturales y religiosas y aún algo más básico: el idioma.
Edward Said en su libro Discovering Islam, publicado en los años ochenta, señalaba que casi ninguno de los periodistas que había cubierto la toma de rehenes en la embajada norteamericana en Teherán en 1979-80 hablaba el persa.
La pregunta es básica: ¿cómo se puede informar sobre una sociedad si ni siquiera se puede hablar con la gente en las calles, escuchar la radio, leer los diarios o mirar la televisión? Es aún mucho más complicado si la cobertura hay que realizarla desde miles de kilómetros de distancia. Esto quiere decir que se depende de la información que suministren los involucrados. En los tres casos señalados los medios de comunicación latinoamericanos se nutrieron casi siempre de los medios norteamericanos y europeos, como si el New York Times o El País (para nombrar los más citados) fueran ejemplo de información veraz e independiente y como si toda la información proveniente de los medios árabes e islámicos fuera pura "propaganda". ....
Nota completa
Genocidio estadounidense en Irak
por Sara Flounders
La invasión militar culpable de este genocidio
Una gran cantidad de informes que han sido ampliamente ignorados por la corriente dominante de la prensa, o que los han mencionado sólo de pasada confirman un nivel sin precedente alguno de destrucción de las infraestructuras esenciales, de pérdida de vidas y de desplazamiento generalizado de personas.
Hay más de cuatro millones de refugiados iraquíes y más de un millón de muertos. EL 70% de la población infantil no va al colegio. Con todo, estos informes y estadísticas no empiezan a contar la historia de destrucción y violencia ocasionadas por la ocupación estadounidense.
Durante los 12 años de sanciones, desde agosto de 1990 hasta marzo de 2003, impuestas por Estados Unidos y que crearon una enorme hambruna, toda la población de Iraq seguía estando alfabetizada y luchaban por mantener el suministro de agua potable y de electricidad, y unas raciones alimenticias básicas para su población de 25 millones de personas.
Ahora, según Oxfam y una red de 80 agencias de ayuda, 8 millones de personas, esto es, casi una tercera parte de la población, necesita ayuda de emergencia.
Nota Completa
miércoles, 4 de julio de 2007
Si esto hubiera ocurrido en alguna otra parte del mundo, se habría considerado asesinato
Toque de queda ya asfixia a Samarra
Por Ali al-Fadhily
"Mi sobrino de 10 meses murió de asma porque no podíamos llevarlo al hospital", relató a IPS Nameer Aboud, un joven de 25 años del barrio de Abbasiya, en Samarra.
"Todos los servicios médicos están paralizados a causa de este sitio en Samarra, y muchas personas están muriendo. Si esto hubiera ocurrido en alguna otra parte del mundo, se habría considerado asesinato. Pero, para el mundo, la sangre iraquí es barata", añadió
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SAMARRA, Iraq, 23 may (IPS) - Informes de médicos indican que al menos 10 personas murieron en esta ciudad iraquí, ubicada 125 kilómetros al norte de Bagdad, como resultado del toque de queda impuesto por el gobierno de este país respaldado por Estados Unidos.
Quienes residen en Samarra, de 300.000 habitantes, luchan por conseguir alimentos, aguas y suministros médicos. A los vehículos se les prohibió ingresar o abandonar la ciudad desde el 6 de este mes.
El gobierno iraquí y el ejército estadounidense impusieron un estricto toque de queda en la ciudad ese día, tras el ataque con coche bomba tripulado por un suicida que mató a una docena de oficiales de policía, incluyendo a su jefe local Abd al-Jalil al-Dulaimi.
Samarra es un punto caliente de la resistencia a la ocupación estadounidense en Iraq desde casi el comienzo de la invasión, concretada el 20 de marzo de 2003.
Luego del atentado, fuerzas estadounidenses e iraquíes rodearon la ciudad y sellaron todas las entradas y salidas con bloques de concreto y sacos de arena.
Habitantes de la zona dijeron a IPS que el principal puente de la ciudad fue cerrado, a las ambulancias no se les permite llegar y los residentes enfrentan una situación cada vez más acuciante.
"Estamos siendo masacrados aquí por estos estadounidenses. Las personas están muriendo porque carecemos de todo lo indispensable, y nuestro gobierno parece estar muy feliz por eso", dijo a IPS Majid Hamid, un maestro de escuela en Samarra.
Habitantes y proveedores de servicios dijeron a IPS que la electricidad había sido cortada.
"No hay vida en la ciudad a causa de los castigos colectivos. Privar a las personas de electricidad significa privarlas de agua, atención a la salud y todo lo indispensable para el mantenimiento de la vida, especialmente con la altas temperaturas que hay ahora", declaró a IPS un empleado de la oficina del servicio de electricidad de energía, que habló a condición de mantenerse en el anonimato.
La red eléctrica y el suministro de agua potable en Samarra ya estaban en un estado de franco deterioro.
Los dos corresponsales de IPS en Bagdad estuvieron en Samarra varias veces desde el comienzo de la ocupación y presenciaron de primera mano las tácticas militares estadounidenses de cortar el agua y la electricidad a los habitantes cuando son atacados.
La estrategia defensiva de las fuerzas lideradas por Estados Unidos e iraquíes también incluye la demolición de casas, allanamiento de hogares y detenciones masivas.
"Éste no es el primer sitio que sufrimos. Los estadounidenses lo hacen muy a menudo, y seguirán haciéndolo, dado que no aceptamos su ocupación y todos los desastres que ésta nos trajo", indicó a IPS Nahla Alwan, una farmacéutica de la ciudad.
"Ellos deberían saber que nos molestan más ahora, y les enseñaremos a las futuras generaciones a vengarse por las almas inocentes que mataron los criminales estadounidenses", agregó.
Un médico del principal hospital de Samarra, que como muchos otros habló a condición de no revelar su identidad, informó a IPS que por lo menos 10 personas, entre ellas siete bebés, fallecieron por falta de combustible para los generadores necesarios para hacer funcionar incubadoras y equipos para salvar vidas. Por lo menos dos pacientes ancianos se encontraban entre los muertos.
Pese a las súplicas de los residentes a las fuerzas estadounidenses e iraquíes para permitir el ingreso de asistencia, nadie llegó y el toque de queda continúa.
"Mi sobrino de 10 meses murió de asma porque no podíamos llevarlo al hospital", relató a IPS Nameer Aboud, un joven de 25 años del barrio de Abbasiya, en Samarra.
"Todos los servicios médicos están paralizados a causa de este sitio en Samarra, y muchas personas están muriendo. Si esto hubiera ocurrido en alguna otra parte del mundo, se habría considerado asesinato. Pero, para el mundo, la sangre iraquí es barata", añadió.
"Este castigo colectivo es injusto y muestra claramente cuán crueles son los estadounidenses. Están castigando a personas inocentes de un modo cobarde", señaló a IPS un miembro del Concejo de la ciudad de Samarra.
La organización humanitaria Médicos por Iraq emitió una declaración expresando su grave preocupación en torno al empeoramiento de la situación.
"Médicos por Iraq condena en los términos más fuertes cualquier actividad que impida a civiles acceder a asistencia de salud o humanitaria por parte de todos los actores comprometidos en el conflicto", sostuvo en una declaración.
Los médicos reclamaron un fin inmediato al bloqueo, al que llamaron "un acto de castigo colectivo". Y exigieron que las organizaciones no gubernamentales locales, así como los trabajadores de la salud, tengan acceso a la ciudad.
Un portavoz del ejército estadounidense en Iraq admitió ante los periodistas que las medidas de seguridad impuestas sobre Samarra "volvieron la vida muy difícil" a sus habitantes, pero alegaron que las "autoridades locales" las habían impuesto.
Sin embargo, el corresponsal de IPS vio varios vehículos militares estadounidenses alrededor de la ciudad y, antes, personal militar del mismo país estableciendo controles carreteros al comienzo del sitio.
"Esos cobardes disfrutan matando a nuestros hijos, igual que los funcionarios del gobierno del persa (primer ministro Nouri) Maliki", dijo a IPS Abu Nabhan, de 45 años, en Samarra.
"Ellos parecen estar necesitando más ataques de nuestros benditos hijos en la resistencia, porque este ataque contra el pueblo de Samarra solamente aumentará nuestro odio contra los estadounidenses", aseguró.
La población está cada vez más indignada con las fuerzas ocupantes.
"La situación se está volviendo mucho peor a causa de este comportamiento irresponsable de las fuerzas de Estados Unidos", dijo a IPS un trabajador de una organización no gubernamental local que se identificó como Yassin.
"Están generando más indignación e inclinación por la violencia. Todos nuestros esfuerzos por calmar al pueblo ahora son desperdiciados, dado que más personas que nunca creen en la violencia en vez de en la paz", añadió.(FIN/2007)
miércoles, 20 de junio de 2007
Thierry Meyssan: «La ofensiva israelí contra el Líbano no era más que una etapa del remodelamiento del Medio Oriente por Estados Unidos»
por Mahdy Mostafa
Al-Ahram: Usted afirma en su libro , L’Effroyable imposture 2, que la guerra israelí de julio de 2006 fue planificada de antemano. ¿Cuáles son los detalles de esa operación?
Thierry Meyssan: Al día siguiente de la invasión contra Irak, Estados Unidos ya había designado su próximo blanco. Al adoptar la Syrian Accountability Act, el Congreso autorizaba al presidente Bush a hacerle la guerra al Líbano y a Siria cuando le pareciera necesario. En aquel entonces, Francia protegió al Líbano al negociar la resolución 1559, pero se peleó con Siria, nación de la cual esperaba que –a cambio– se retirara del país del Cedro. Sin embargo, esa corta resolución de la ONU es particularmente ambigua. Se presta a dos interpretaciones contradictorias, según se analice desde París o desde Washington. Para Jacques Chirac, se trataba de afirmar la independencia del Líbano. Para George W. Bush, por el contrario, se trataba de debilitar la defensa del Líbano. Y como, siempre sucede en esos casos, el quid pro quo acabó favoreciendo al más fuerte. Sobre todo porque el presidente Chirac cometió un error de graves consecuencias: al confundir sus relaciones personales con Rafic Hariri con las relaciones de Estado a Estado, comprometió toda la influencia francesa en el Líbano al apoyar exclusivamente a Rafic Hariri, llegando incluso a se distanciarse de los tradicionales socios maronitas de Francia en el Levante.
A partir de ahí, el proyecto de guerra fue modificado por primera vez. Estados Unidos se vio obligado, debido a la resolución 1559, a subcontratar a Israel para [llevar a cabo] las operaciones militares. Los partidarios del enfrentamiento eliminaron a Rafic Hariri para sacar a Francia del juego. Mediante la manipulación de la psicología de las multitudes, suscitaron en el Líbano un estado de opinión contra Siria, esperando que se produjera una explosión general.
Pero, una vez más, no sucedió lo que habían previsto. En vez de buscar problemas, Siria se retiró espontáneamente del Líbano, donde en el pasado había desplegado su ejército a pedido de los libaneses. Entonces hubo que modificar de nuevo el plan porque a partir de ahí la guerra ya tenía que ser nada más que contra el Líbano.......
(clickear en el título para ver la nota completa)martes, 5 de junio de 2007
El escudo en Europa es como una declaración de guerra
La instalación de un sistema de defensa de misiles en Europa oriental es prácticamente una declaración de guerra
Tratad de imaginar cómo reaccionaría Norteamérica si Rusia, China, Irán o cualquier potencia extranjera osara sólo pensar en colocar un sistema de defensa de misiles en las fronteras de los EEUU o en sus aledaños, y no digamos si empezara a llevar a cabo ese plan. En tales circunstancias, de todo punto inimaginables, no sólo habría que esperar con certeza una violenta reacción norteamericana, sino que esa reacción resultaría también comprensible, por razones simples y claras.
Es de todos conocido que la defensa con misiles es un arma de primer golpe. Reconocidos analistas militares norteamericanos la describen así: "No sólo es un escudo, sino una capacitación para la acción". Ella "facilitará una aplicación más eficiente de la potencia militar de EEUU en el extranjero".
“Aislando al país de las represalias, la defensa con misiles garantizará la capacidad y la disposición de los EEUU para ‘modelar’ el contexto en otras partes del mundo”. “La defensa con misiles no sirve para proteger a Norteamérica. Es un instrumento de dominación global”.
“La defensa con misiles sirve para conservar la capacidad norteamericana de ejercer el poder en el extranjero. No tiene que ver con la defensa; es un arma ofensiva, por eso tenemos necesidad de ella”.
Todas estas citas proceden de reconocidas fuentes liberales pertenecientes a la tendencia dominante, que querrían desarrollar el sistema y ponerlo en los límites extremos de la dominación global de los EEUU.
La lógica es simple y fácil de comprender: un sistema de defensa con misiles, a pleno funcionamiento, informa a los potenciales objetivos de que “os atacaremos si nos place, y no estaréis en condiciones de responder, por lo tanto, no podréis impedírnoslo”.
Están vendiendo el sistema a los europeos como una defensa contra los misiles iraníes. Aun si Irán tuviera armas nucleares y misiles de largo alcance, la probabilidad de que los usara para atacar a Europa es inferior a la probabilidad de que Europa reciba el impacto de un asteroide. Si, pues, se tratase verdaderamente de defensa, la República Checa debería instalar un sistema para defenderse de los asteroides.
Si Irán diera aunque fuera el más mínimo signo de querer hacer algo semejante, el país se evaporaría. El sistema apunta, en efecto, contra Irán, pero como arma de primer golpe. Forma parte de las crecientes amenazas contra Irán, amenazas que constituyen ya por sí mismas una grave violación de la Carta de las Naciones Unidas, aunque esto no salga nunca a la luz. Cuando Mijáil Gorbachov permitió a Alemania que formara parte de una alianza militar hostil, aceptó una grave amenaza a la seguridad de Rusia, por razones demasiado notorias como para volver sobre ellas. A trueque, el gobierno de EEUU se comprometió a no ampliar la OTAN hacia el Este. Ese compromiso ha sido violado una años más tarde, lo que ha suscitado pocos comentarios en Occidente, pero ha incrementado el riesgo de un enfrentamiento militar.
La llamada defensa con misiles aumenta el riesgo de que estalle una guerra. La “defensa” consiste en incrementar las amenazas de agresión en Oriente Medio, con consecuencias incalculables, y el peligro de una guerra nuclear definitiva.
Hace más de medio siglo, Bertrand Russell y Albert Einstein lanzaron un llamamiento a los pueblos del mundo, a fin de que se enfrentaran al hecho de que nos hallamos ante una elección “clara, terrible e inevitable. ¿Tenemos que poner fin a la especie humana, o está la humanidad dispuesta a renunciar a la guerra?”.
Aceptar el llamado “sistema de defensa con misiles” decanta la elección del lado del fin de la especie humana en un futuro no demasiado lejano.
miércoles, 30 de mayo de 2007
Frustrado con Bush, el vicepresidente insta a Israel a atacar Irán
| por Gary Leupp* «Actualmente hay una carrera entre diferentes flancos del gobierno de EEUU para determinar el curso futuro de la política USA-Irán», escribe Steven C. Clemens, conocedor de lo que sucede en Washington, en su blog Washington Note. «En un flanco están los diplomáticos, en el otro está el equipo del vicepresidente Cheney y sus acólitos – que pueblan una franja bastante ancha que pasa por la burocracia de la seguridad nacional estadounidense.» Es «inquietante» porque «la persona en el gobierno de Bush que más quiere un conflicto “caliente” con Irán es el vicepresidente Cheney». |
Clemens cita a un ayudante de Cheney diciendo “que el propio Cheney está frustrado con el presidente Bush y cree, de modo muy similar a Richard Perle, que Bush está cometiendo un error desastroso” al apoyar la actitud diplomática hacia Irán que aparentemente prefiere el Departamento de Estado. Así que Cheney planea emprender una “estrategia de carrera directa hacia el objetivo” esquivando al presidente (que actualmente se tambalea más hacia los “realistas” de Condi Rice que hacia los neoconservadores de Cheney) si su flanco no prevalece y Bush resiste a las exigencias de los neoconservadores y del lobby de AIPAC para un enfrentamiento sangriento.
“El pensamiento del equipo de Cheney es coludirse con Israel, dar a Israel un codazo aprobatorio en algún momento crucial del actual impasse entre las actividades nucleares de Irán y la frustración internacional al respecto, para que lance un ataque convencional a pequeña escala contra Natanz, utilizando misiles crucero. Esperaría que esta estrategia provoque un contraataque iraní contra fuerzas de USA en el Golfo que baste para obligar a Bush a abandonar el camino diplomático que propugnan los realistas del gobierno y a que se lance a otra guerra.”
Es el artículo más aterrador que haya leído desde hace tiempo, junto con la última columna de Justin Raimondo en antiwar.com que se basa en él. Raimondo, citando una reciente entrevista de CNN con Seymour Hersh, vincula a Cheney y al Consejero Adjunto de Seguridad Nacional Elliott Abrams (actualmente el neoconservador más poderoso en el gobierno) con el apoyo de USA para la milicia suní Fateh al Islam en el Líbano como un medio para debilitar a Hezbolá. “George W. Bush,” declara, “está totalmente fuera de circuito” en lo que Raimondo llama “el gobierno de Cheney.”
Estos informes suenan a verdad, me parece. Bob Woodward ha documentado, citando a Colin Powell, cómo Cheney y su pandilla neoconservadora formaron “un pequeño gobierno separado” en 2002 a fin de organizar el ataque contra Iraq, precedido por una campaña de desinformación que el estúpido en la Oficina Oval podría perfectamente haber tragado ansiosamente y sin cuestionar nada. Cheney declaró en el show de Don Imus en MSNBC en enero de 2005, que “en vista del hecho de que Irán tiene una política declarada cuyo objetivo es la destrucción de Israel, los israelíes perfectamente podrían decidir actuar primero, y dejar que el resto del mundo se preocupe después de limpiar el lío diplomático.” Implicó que si USA no actuara contra Irán, los israelíes podrían tener que hacerlo y tendrían razón.
Los propugnadores de AIPAC y de los thinktank neoconservadores de un ataque contra Irán cuentan con la comprensión de legisladores de ambos partidos. A pesar de contratiempos y de lo que la gente pensante pueda ver como el desprestigio total de la facción neoconservadora resultante de la denuncia de las mentiras del gobierno, el amplio plan neoconservador (la imposición de regímenes favorables a USA, amistosos hacia Israel, en todo el Sudeste Asiático) sigue estando a la orden del día.
Cheney, dice Clemens, está frustrado con Bush. Tal vez la relación entre mentor y discípulo de la que gozó con el presidente más joven, confiado, ignorante e impresionable se ha debilitado con el tiempo. Tal vez sea posible que Bush haya creído verdaderamente los trozos de desinformación colocados sobre su escritorio por Douglas Feith, Abram Shulsky y los otros operadores de la Oficina de Planes Especiales que ahora han sido todos tan claramente desenmascarados, y ahora que ahora culpe a Cheney y a sus neoconservadores por su embarazo. Tal vez su querida amiga Condi lo esté urgiendo para que cuestione el buen juicio de Cheney sobre la política en Oriente Próximo. Y tal vez el vicepresidente más poderoso de la historia de USA esté realmente impulsando una “estrategia de carrera directa hacia el objetivo” para realizar la agenda neoconservadora, dejando a Bush fuera de circuito.
Ha quedado en claro por lo menos desde hace cinco años que Cheney, la figura clave en este gobierno dirigido formalmente por un sujeto perdidamente confuso que sigue aprendiendo a hablar, quiere llevarlo a expedir las órdenes necesarias para derribar a los gobiernos iraní y sirio y aplastar a sus aliados en el Líbano y Palestina. Él y su jefe de equipo "Scooter" Libby, junto con Perle y toda la cabala, parecían estar tener la situación bajo un control perfecto hasta que el pueblo iraquí a través de su resistencia contra la ocupación llevó al pueblo estadounidense a darse cuenta de lo que cuesta la agresión imperialista y creó una oportunidad para el periodismo crítico en una atmósfera fascista incipiente. Ahora existe definitivamente una “carrera en vías de ejecución” no sólo entre dos facciones del gobierno sino entre el movimiento contra la Guerra y el movimiento de Apocalipsis Ahora encabezado por Cheney.
Inmediatamente después del 11-S Cheney habló de una guerra que duraría generaciones, comparable con la Guerra Fría, una guerra que no se limitaría a una reacción contra al-Qaeda sino que tendría objetivos múltiples y cambiantes. Es un hombre bien consciente de su mortalidad, a los 66 años, después de cuatro ataques cardíacos, que se siente cómodo generando esa guerra artificial no provocada basada necesariamente en la ignorancia y la islamofobia. Probablemente sabe que aunque desencadene el infierno total sobre el Sudoeste Asiática podrá morir confortablemente rodeado por sus nietos. Con aire de suficiencia se siente seguro de que nunca enfrentará la suerte de un Tojo Hideki o de un Heinrich Himmler. Probablemente tiene razón en esto, pero es seguro que es impugnable, incluso sobre la base de lo que Clemens sugiere que podría constituir una “insubordinación criminal” contra el necio de su jefe.
El mes pasado el representante Dennis Kucinich presentó una resolución en la Cámara de Representantes para impugnar a Cheney, en parte porque ha “amenazado abiertamente con la agresión contra la República de Irán, sin que haya ninguna amenaza real contra USA, y lo ha hecho con la capacidad demostrada de USA de ejecutar amenazas semejantes.” ¿No aumentan estos últimos informes el caso contra ese monstruo, y subrayan la urgencia de impugnarlo?
| Gary Leupp Gary Leupp es profesor de historia en la Universidad Tufts, y profesor adjunto de Religión Comparativa. Es autor de Servants, Shophands and Laborers in the Cities of Tokugawa Japan; Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan; e Interracial Intimacy in Japan: Western Men and Japanese Women, 1543-1900. También colaboró con la despiadada crónica de CounterPunch sobre las guerras en Irak, Afganistán y Yugoslavia: Imperial Crusades. Para contactos escriba a: gleupp@granite.tufts.edu |
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.